A la luz de los recientes acontecimientos, resulta evidente para todos
que los musulmanes con ciudadanía rusa han presentado un frente único y
sin fisuras bajo el liderazgo del gobierno ruso. Con una voz unánime han
apoyado Putin y a su política exterior. Pero ¿de qué estamos hablando?
¿Qué clase de musulmán es ese, tan distinto al que vive por ejemplo, en
Molenbeek? Ese barrio, una de las miles de “no go zones” que inundan
Europa Occidental, ha visto salir de él (con mal disimulado orgullo) a
los últimos terroristas. Últimos por el momento, al menos.
Desde la época de Iván El Terrible, los zares rusos han conquistado las
tierras que hoy son el sur de la Federación Rusa. A mediados del siglo
XVI, el zar Iván conquistó los kanatos de Kazán y Astracán. Con métodos
que hoy catalogarían de salvajes, aseguró la pertenencia de esas tierras
al imperio ruso. No hay que olvidar que entre esos métodos estaban las
ejecuciones masivas, deportaciones y destrucción de todas las mezquitas
de ambas ciudades, así como sus edificios más importantes. Años más
tarde, Pedro El Grande y Catalina La Grande, conquistaron El Cáucaso y
Crimea.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Stalin deportó a más de un millón
de habitantes del Cáucaso (ingusetios, circasianos, chechenos,
daguestaníes, etc). Más tarde, cuando tuvo lugar el proceso que se llamó
“desestalinización”, Jrushchov les permitió regresar a sus tierras de
origen.
Cuando en el 1991 la URSS se disolvió, pillando desprevenidos a casi
todos los ciudadanos soviéticos, numerosos pueblos musulmanes quedaron
viviendo en la Federación Rusa, de la cual forman parte sus territorios
ancestrales. La República Autónoma de Chechenia e Ingusetia se dividió
en dos e Ingusetia se integró en Rusia. No así Chechenia,
desencadenándose la primera guerra de Chechenia. Al mando de un Yeltsin a
todas luces incapaz, el conflicto se enquista, se empantana, y los
rusos finalmente tienen que retirarse, quedando toda Chechenia convulsa,
desestabilizada y en manos de los señores de la guerra locales,
poderosos aunque enfrentados entre sí. Mientras tanto el wahabismo ve la
oportunidad, y los mercenarios llegan en oleadas al territorio del
Cáucaso ruso, convertido en un verdadero polvorín. La confianza en el
gobierno central y en el liderazgo de los rusos estaba bajo mínimos, no
sólo en Chechenia sino en todo el sur de Rusia. Sin embargo los rusos
logran controlar la revuelta chechena y liquidar a su líder. El
conflicto queda enquistado.
En agosto del 1999 los chechenos invaden el vecino territorio de
Daguestán, iniciándose así la segunda guerra de Chechenia. Una fuerza
compuesta por daguestaníes, chechenos, turcos, ingusetios, yugoslavos y
afganos entran en territorio daguestaní y encuentran una contundente
respuesta de las tropas rusas que los obligan a retroceder. Fuerzas
chechenas pro rusas y el ejército ruso combaten contra los separatistas
chechenos y los mercenarios extranjeros. En este mismo mes de agosto (el
día 9) Yeltsin designa a Vladimir Putin como Primer Ministro. El día 26
de agosto Putin ordena al ejército ocupar las fronteras chechenas e
iniciar un demoledor ataque contra las fuerzas separatistas. Con ataques
aéreos masivos, artillería pesada, misiles y fuerzas terrestres, los
rusos avanzaron hacia Grozny, la destruyeron por completo y la
conquistaron. El nombre Grozny significa “el que infunde temor”. Se dice
que demostrar que los rusos no temían a la ciudad fue el motivo de que
la capital chechena fuese arrasada, tal y como hizo Iván Grozny (El
Terrible) con Kazán.

Mujeres caminando por Grozny
En el 2000 Putin establece el control directo de Moscú sobre Chechenia.
Se ofrecen amnistías y un señor de la guerra antes secesionista y
después pro-ruso, Ajmat Kadírov, es nombrado presidente de la república
chechena. Cuando es asesinado en el 2004, lo sucede su hijo Ramzán. Los
terroristas se refugian en las montañas, donde son combatidos ferozmente
y sin piedad.
Hasta ahí la táctica. Hablemos ahora de la estrategia.
Simultáneamente al establecimiento de un gobierno pro-ruso en la díscola
y convulsa república del Cáucaso, se establecen líneas de financiación y
ayudas generosas del estado para la reconstrucción de Grozny, para
viviendas, empleo, cultura. Se levantan nuevas mezquitas, e imanes
controlados por el estado predican la vuelta a su identidad nacional,
atacada por los extranjeros wahabitas: un islam sunnita con un fortísimo
énfasis en la tradición sufí (un movimiento gnóstico del islam que pone
énfasis en el misticismo y el desarrollo espiritual interno).
El “modelo checheno”, es aplicado en toda la Rusia musulmana. Los
pueblos que fueron islamizados violentamente en su día, no renuncian a
la religión islámica pero la interpretan desde su propia identidad
racial y cultural. Por todas partes se levantan imanes que predican un
islam sufí y ensalzan las tradiciones tribales de sus pueblos
respectivos.
Mientras Moscú subvencionaba generosamente la construcción de mezquitas
en todo el Cáucaso ruso, perseguía y cortaba radicalmente cualquier tipo
de flujo de dinero de las dictaduras wahabitas de los petrodólares.
Mientras el gobierno ruso proclama que “el islam es paz y concordia”,
persigue sin cuartel a cualquiera que proclame cualquier tipo de yihad.
Los gobiernos pro rusos de la zona ayudados por los imanes locales,
gestionan el día a día de unas comunidades que se sienten cómodas siendo
ellas mismas mientras viven tranquilamente dentro de las fronteras
rusas.
El presidente checheno, Ramzán Kadírov, hace un tiempo renunció al
título de presidente, pues según sus propias palabras, en Rusia hay un
solo presidente, que es Vladímir Putin. Kadírov, un líder fuerte,
popular y mediático, no cesa de proclamar su apoyo incondicional a su
presidente Vladímir Putin, y tampoco deja de amenazar a cualquier
terrorista musulmán que ose penetrar en Rusia, o a cualquier musulmán
que intente violentar la laicidad del estado.
Kadírov y Putin en Chechenia
Como pasó en su día con la guerra de Chechenia, hay un grupo de
combatientes chechenos del Daesh arrepentidos. Recibirán amnistía a
cambio de un arrepentimiento público y colaboración activa con las
fuerzas de seguridad rusas. Según palabras del propio Kadírov “al resto
los mataremos”.
Por otra parte, pocos días antes del inicio de los ataques masivos rusos
contra el Daesh, se inauguró una mezquita en Moscú con la presencia de
Putin. Sin embargo, no es una nueva mezquita, sino una mezquita
levantada sobre las ruinas de la anterior, que fue demolida. No es
financiada por Arabia Saudí, como sucede en Occidente, sino que la
financia un musulmán millonario ruso, muy afín al partido de Rusia
Unida. La mezquita tiene las típicas cúpulas de las iglesias ortodoxas,
lo que es un simbolismo importante. Ni en Moscú ni en ninguna ciudad
rusa hay “no go zones”, ni barbudos incontrolados predicando en
cualquier garaje.
El líder checheno con su perro. Tiene varios, y como
bien saben, en el islam los perros son impuros y están prohibidos como
mascotas
Comprendo que la política rusa respecto al islam local, no ha sido
entendida y aceptada por algunas personas, o grupos de ellas. Sin
embargo, el tiempo ha demostrado que era una estrategia correcta la que
se seguía. Son pueblos aborígenes en sus tierras ancestrales, y es mejor
controlarlos espiritual, política y financieramente. Porque si no lo
haces tú, lo harán otros. Y esos otros son tus enemigos.
De no haberse seguido la estrategia correcta, hoy Rusia sería débil,
permeable, un nido de terroristas, habría atentados masivos y el
califato islámico sería una realidad en el Cáucaso. El wahabismo se
habría convertido en una fuerza incontenible y partiendo de Rusia,
amenazaría al resto de Europa. Como hizo en el pasado al detener a los
invasores mongoles, Rusia ha contenido de forma eficaz en las fronteras
orientales de Europa al islam invasor.
Ahora es necesario que en la otra punta de Europa, se aplique la táctica
y la estrategia que corresponda a las características del islam y de
los musulmanes que están en Occidente. Que no son aborígenes de estas
tierras, y por lo tanto no se comportan como ciudadanos, sino como
invasores. Necesitamos con urgencia un estadista capaz de aplicar tanto
una táctica eficaz como una estrategia inteligente. Las lamentaciones
son tan inútiles como las declaraciones vacías. Se necesita otra cosa.
Táctica y estrategia.
Galina Venegas
Islam. Táctica y estrategia. | Democracia Nacional