A la izquierda un puesto de venta de patatas baratas,
donde pueden apreciarse los canastos llenos de papel moneda alemán sin
ningún valor por la inflación durante la República de Weimar en 1919. A
la derecha un cartel propagandístico electoral del NSDAP prometiendo
Trabajo y Pan.
Me gustaría relatar nuestra vida en la época de Hitler, ante las
falsedades de los políticos y los medios de comunicación actuales cuando
se habla de aquellos tiempos.
Nací en Turingia y crecí en una familia de agricultores con seis
hermanos. Mi profesión es de ingeniero y la comencé también en Turingia.
Se me concedió una beca, ya que mi madre no podía proporcionar el
dinero para la matrícula y mi padre había muerto un tiempo atrás a causa
de un rayo. No tuve ningún problema para obtenerla ya que bajo el
nacionalsocialismo el miembro de una familia numerosa tenía derecho a la
obtención de una beca y a los gastos de subsistencia, solo había que
rellenar la solicitud correspondiente, muy fácil de tramitar y sin
complicaciónes burocráticas.
A medida de que los aliados comenzaron a bombardear poblaciones repletas
de civiles decidí convertirme en piloto y asi poder derribar a los
bombarderos enemigos. En el curso de la guerra, desempeñe mi puesto de
piloto en un escuadrón de combate, pero mi aparato fué derribado y fuí
hecho prisionero. Después de mi encarcelamiento, volví a mi casa en
Turingia, pero tuve que huir a Alemania Occidental. Al otro lado se
quedaron para siempre amigos a los que no volví a ver jamás.
Terminé mis estudios en Alemania Occidental, al mismo tiempo que
trabajaba para sostener mis gastos. Después de seis años de actividad
profesional, conseguí un buen trabajo como ingeniero jefe de la empresa
industrial alemana West. Más tarde fundé la mía propia donde desarrollé
numerosos proyectos lo que contribuyó al crecimiento de mi país pudiendo
dar trabajo a muchos compatriotas.
La caída actual de casi todas las áreas de la sociedad alemana se deriva
de los continuos fracasos del sistema político de postguerra y de sus
políticos. En la alemania de aquellos años fuimos los jóvenes ex
soldados que regresamos de los campos de concentración, junto con los
hombres y mujeres de nuestra patria, quienes levantamos de nuevo la
economía alemana.Todos queríamos reconstruir nuestra Alemania en el
espíritu de la unidad nacional.
La BRD (República Federal Alemana) será solo una etapa en la historia
hasta la llegada de la reunificación, pero hoy por hoy, los políticos de
todas las tendencias dan por permanente aquella situción provisional.
Ninguno de ellos ha reconocido publicamente que la situación actual de
una Alemania dividida es inaceptable. El Reich alemán conserva su
legitimidad pero no funciona. El destino de los políticos que elegimos
en 1933 terminó, trágica e injustamente, en el juicio de Nuremberg.
EL ESPÍRITU GERMANO SOBRIVIVIÓ A LA GUERRA
Un ejemplo de ese espíritu fué el siguiente: El distrito del Ruhr de
postguerra era un enorme montón de escombros ya que los ingleses y rusos
se llevaron toda la maquinaria que estaba intacta a sus paises como
reparación de guerra.
Entonces se convocó una huelga general por un sindicato recién
constituido para protestar por la expoliación de maquinaria de prensa de
forja. Esta acción fue la mejor publicidad para demostrar que Alemania
aún latía socialmente y que eso podría reportarnos nuevos mercados, cosa
que así sucedió. La circunstancia de que el dirigente sindical fuese un
patriota alemán contribuyó a que, además de conservar los puestos de
trabajo, nos quedamos con toda la maquinaria. Esta acción también contó
con el apoyo de toda la población del Ruhr.
Después de numerosísimas reuniones, un miembro de la patronal pidió la
palabra y dijo: “Dejemos ya estas discusiones, porque solo unidos
podremos, no solo conseguir levantar lo que ha caído, sino utilizarlo
para realizar otras cosas nuevas y mucho mejores”! La respuesta fué un
SI!! unànime. Habían sonado las palabras mágicas que despertarían el
viejo espíritu de la comunidad. La unión y la fuerza estaban aún vivas!
EN
SOCIALISMO NACIONAL DE TRABAJADORES Y EMPRESAS FORMARON UN FRENTE UNIDO
CONTRA SU ENEMIGO: UNA COMBINACIÓN DE CAPITALISMO Y COMUNISMO
Los ingleses y rusos se llevaron las viejas prensas que pudieron (que
aún utilizan en la actualidad), pero nosotros, los jóvenes ingenieros de
la época reconstruimos las nuestras y las transformamos en las más
modernas produciendo más y mejor que nuestros vencedores, lo que provocó
un gran paso hacia adelante en la economía y prosperidad de la Alemania
Occidental. Mientras tanto Inglaterra usaba aún la vieja maquinaria
expoliada completamente obsoleta que utilizaba largos ejes que
impulsaban las correas de transmisión. En los mismos años en Alemania,
ya estábamos utilizando máquinas de propulsión eléctrica modernas, lo
que demostró una gran ventaja técnica. Las empresas de automóviles
inglesas, superadas por las alemanas, fueron el fundamento del odio de
los capitalistas ingleses por la eficiencia alemana.
EL MUNDO CONTRA ALEMANIA PROVOCÓ UNA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL INNECESARIA.
Bajo Hitler, el nacionalsocialismo enfatizó sobre el principio de que
trabajadores y empresarios debían ir de la mano como una entidad unida
con el fín de luchar con el sistema capitalista.
Durante el transcurso de mi carrera, he tenido siempre presente ese
concepto fundamentalmente importante. ¿Qué puede hacer un empresario que
tiene buenas iniciativas e ideas para un mejor desarrollo de su
empresa, si no tiene trabajadores en su fábrica para producirlos? Nada! Y
a la inversa: ¿De que sirve un buen trabajador sino tiene ningún
empresario que no pueda aprovechar su talento y buen hacer? Nada!
El principio es que tanto los que trabajan con la cabeza como con las
manos, deben estar siempre unidos a los empresarios en un solo equipo.
Este principio político, combinado con nuestra retirada de “la regla de
oro capitalista”, nos libró de la desesperanza y el daño producido por
el Tratado de Versalles. Alemania, bajo Hitler, ya no podía ser saqueada
como lo hicieron los vencedores de la Primera Guerra Mundial.
Ese concepto de Hitler sobre la comunidad popular no se entiende hoy en
día, al contrario: se maldice. Los políticos actuales (mejor dicho: Los
vasallos capitalistas actuales) no tienen conciencia nacional y la han
sustituido por la fórmula milagrosa: “El desarrollo económico a través
de las fusiones”. Los capitalistas extranjeros deciden sobre la
eliminación de puestos de trabajo alemanes, siendo el duelo de los
trabajadores contra los empresarios y viceversa lo normal dentro de la
comunidad convirtiéndose en el principio más importante del sistema
capitalista pseudo-democrático de hoy. El trabajador alemán no ha sido
una excepción convirtiéndole, finalmente, en un peón de los intereses
económicos extranjeros.
ESTO ES EL CAPITALISMO Y GLOBALISMO EN SU FORMA MÁS PURA, Y AL QUE TENEMOS QUE ENFRENTARNOS CON TODAS NUESTRAS FUERZAS.
Bajo Hitler, de 6 a 7 millones de desempleados de la “República de
Weimar”, encontraron empleo en el espacio de dos años y medio y en
cinco, se alcanzó el pleno empleo. Los enemigos de Hitler afirman hoy
que el pleno empleo se logró sólo gracias a la industria de guerra. Eso
es absolutamente falso, ya que la industria armamentística solo comenzó a
jugar un papel económico importante, y por primera vez, a partir de la
primavera de 1939, cuando Inglaterra y Francia nos declararon la guerra.
Aquí están las cifras:
Industria de Armamento desde 1933 a 1939.
1933-1934 RM 1900000000 = 4% de la Renta Nacional
1934-1935 RM 1900000000 = 4% de la Renta Nacional
1935-1936 RM 4000000000 = 7% de la Renta Nacional
1936-1937 RM 5800000000 = 9% de la renta nacional
1937-1938 RM 8200000000 = 11% de la renta nacional
1938-1939 RM 18400000000 = 22% de la renta nacional
En su libro, “La propaganda de guerra”, el Profesor H.C Peterson escribió: “En
1918, aproximadamente 763.000 alemanes habían muerto a causa de la
desnutrición y por las enfermedades durante el bloqueo. Las víctimas
alemanas eran niños, mujeres y ancianos – los miembros más débiles de la
sociedad.”
Charles C. Tansill escribió en su libro, “Back Door to War”: “La
firma del armisticio del 11 de noviembre 1918 no levantó el bloqueo
contra Alemania, solo meses después del final de la Primera Guerra
Mundial, los gobiernos aliados aceptaron enviar alimentos a millones de
personas hambrientas en Alemania“. Pero los alemanes resistieron y los planes de acabar étnicamente con el pueblo alemán fracasaron.
Duff Cooper, Primer Lord del Almirantazgo británico, escribió: “Hicimos todo lo posible para dejar morir de hambre a las mujeres y niños alemanes.”
Todo el odio anti-alemán fue puesto por escrito en la conclusión final del Tratado de Versalles
en 1919. Alemania tuvo que renunciar a sus reservas de oro a favor de
los vencedores, que ascendían a la suma sin precedentes de 100 millones
de marcos, en oro. Dado que Alemania no podía pagar esa enorme cantidad
en “reparaciones”, Francia ocupó las zonas del Ruhr y Renania
desviando su producción de carbón hacia su país mientras el famélico
pueblo alemán moría de frio.
Debido a que esta enorme cifra en “reparaciones”, debía ser
pagada en oro, las reservas alemanas desaparecieron llevando al país a
la inflación, acabando con los ahorros de los ciudadanos alemanes. Al
finalizar la inflación una barra de pan costaba dos mil millones de marcos y una libra de mantequilla dos billones.
Los años de la “República de Weimar” se distinguen por el
desempleo, el hambre y la falta de vivienda, pero lo peor de todo era la
visión un futuro sin esperanza. La tasa de suicidios en las ciudades
era muy alta y los niños fueron las primeras víctimas de aquella pobreza
generalizada. Debido a que el gobierno carecía de alternativas viables,
sólo podía confiar en los decretos de emergencia. Hitler mostró la
dirección correcta que debían tomar aquellos torpes políticos de los 32
partidos existían en la época.
Ejércitos enteros de desocupados salían de las ciudades hacia el campo,
para mendigar comida para sus familias. En los pueblos se les ofrecía
trabajar como peones a cambio de alimentos. En otoño los peones se
alimentaban de las patatas y de las espigas de trigo que se quedaban en
el suelo tras las cosechas.
En la ciudad los trabajadores carecián de dinero para comprar carbón
para la calefacción, aún así, cuando llegaba el invierno, se podía
comprar una “licencia verde” al estado, tras el pago de la misma
los propietarios de las licencias tenían derecho a recoger las ramas
rotas de los bosques estatales para usarlas como leña. Cada día, uno
veía las columnas de hombres con sus carretillas, marchando en dirección
a los bosques.
La falsa historia presenta aquella época como “Los felices años veinte”! Felices para quién? Serían para los saqueadores del pueblo alemán!!.
EL PARTIDO COMUNISTA Y SUS ATAQUES A LOS AGRICULTORES.
La mayoría de los agricultores de Thüringen tenían pequeñas
explotaciones, pero sin dinero estaban continuamente endeudados. Sin
embargo, los comunistas consideraban que a pesar de eso eran, ante todo,
propietarios, y como tales, sus enemigos políticos.
Nuestra pequeña granja fue asediada y saqueada por grupos de esta gente
una y otra vez. Estas visitas se caracterizaban por su comportamiento
grosero y arrogante, ordenando ponerles comida en la mesa...de forma
gratuita, por supuesto!
Mi padre le decía a mi madre: “Dales todo lo que tenemos, o de lo contrario quemarán nuestra casa.”
El cielo nocturno se iluminaba a menudo por las llamas de las granjas
que habían sido incendiadas. El rumor general era que sus autores eran
los comunistas. Durante aquellos tiempos, la ansiedad fue nuestra
compañera constante. Más tarde, cuando Hitler creó las Secciones de Asalto (SA), este espectro fue desterrado de forma rápida y regresó el orden.
Por medio de una elección democrática, Hitler asumió el liderazgo de
Alemania el 30 de enero de 1933 haciéndose cargo de un estado totalmente
en bancarrota y con 7 millones de trabajadores sin empleo. Como ya he
dicho, todas las reservas de oro alemanas habían sido tomadas por los
vencedores de la Primera Guerra Mundial como “reparaciones”. Las arcas del Estado estaban vacías!
Todos los alemanes estaban llenos de esperanza ante esta nueva etapa bajo Hitler. Él nos había prometido “Trabajo y Pan”, y cumplió su palabra, a diferencia de los anteriores políticos alemanes. Que no se olvide!
Para Hitler no era cuestionable que Alemania se endeudara con los
banqueros judíos de la finanza internacional para conseguir el
desarrollo económico de la patria. No quería volver a caer en la
esclavitud del interés! La economía nacional popular socialista de
Hitler, por lo tanto, contrasta con los políticos de hoy de la República Federal Alemana (BRD) con su sistema capitalista cargado de deudas irresponsables.
Hitler había encontrado un nuevo camino, logrando grandes y únicos
logros. Es importante saber como lo hizo, para disgusto de los
capitalistas extranjeros. El camino de Hitler se llamaba “La economía del pueblo”. Muy pocas personas de las generaciones posteriores al nacionalsocialismo saben sobre ella.
Para aliviar las primeras necesidades del pueblo alemán se creó la organización ”La Ayuda de Invierno” cuyo lema era: “Nadie podrá pasar hambre y frio en Alemania!”. La avalancha de donaciones para los más pobres, tanto del campo como de las ciudades, desbordó todas las previsiones.
Fue una acción social de primer orden, y tuvo un gran éxito. Los pobres
de las regiones más afectadas realizaban pequeños objetos, tales como
tallas en madera, objetos de vidrio y similares, como cambio a las
donaciones recibidas, y así comenzaron a reponerse económicamente. Las
personas que los recibían mostraban esos objetos a sus vecinos con
orgullo, demostrando así que habían colaborado en la campaña, lo que
espoleaba al resto de la ciudadanía a hacer lo propio.
A fin de proporcionar trabajo y pan para los millones de desempleados, el plan para “motorizar”
a Alemania se puso en marcha. Se inició la construcción de autopistas,
con materiales alemanes. Como es sabido, las carreteras estaban, como
hoy, pavimentadas con un asfalto derivado del petróleo, por lo que debe
de ser importado si el país carece de el y pagado en dólares, pero el
problema era que nosotros no los teníamos, Así que se recurrió a las
losas de hormigón sobre tierra compactada para su construcción. Todos
los materiales necesarios estaban disponibles en Alemania. Los
inventores y constructores del sistema fueron los ingenieros Todt y Dorpmüller. Los trabajadores alemanes, es decir, el pueblo alemán, iba a conducir por autopistas.
La industria automovilística alemana presentó su propuesta: el precio
por automóvil sería de entre 1.350 y 1.600 marcos alemanes, pero el
precio aún era demasiado alto para Hitler, así que diseño e impulso la
construcción de un auto nuevo y moderno que el Dr. Porsche convirtió en realidad: el “Volkswagen”,
que fue en la época el coche más fiable y económico del mundo. En ese
momento costaba 995 marcos alemanes, que podían ser pagados en cómodas
cuotas. No nos olvidemos que tambien el nombre de “Volkswagen” fue elegido personalmente por Hitler, pensemos en ello cuando veamos uno.
Para mantener a Alemania independiente de la finanza internacional (la
mayoría dirigida por judíos), los químicos alemanes hicieron los
neumáticos a partir de materiales nacionales disponibles, principalmente
el carbón, transformado por medio de la polimerización. Las fábricas “Buna” en Merseburg fueron construidas para realizar dicha transformación, resultando, incluso, más resistentes que los de caucho natural.
Pero los coches también necesitan gasolina, y este es otro producto
derivado del petróleo lo mismo que el aceite, por lo que sólo podían ser
comprados en el extranjero con el dinero…que no teníamos. La inventiva
de las empresas alemanas se pone en marcha y producen gasolina a través
de la licuefacción de carbón. Así surgió la empresa “Leuna” en Merseburg. Incluso hoy en día, África del Sur produce gasolina de acuerdo con esta técnica. Los inventores alemanes fueron los químicos, Fiscner y Tropsch.
Los alemanes necesitaban ropa, pero el algodón también debía ser
comprado con dólares en el extranjero. Fue así como el régimen de Hitler
creó la primera fibra de rayón. La fábrica de rayón sigue fabricándose
todavía hoy en Schwarza (Thüringen). Combinado con lana de oveja
alemana, este material se convirtió en una ropa cómoda y práctica.
Después de que Alemania perdiera la guerra, los estadounidenses robaron
la patente para esta fibra como botín de guerra, y nos la volvieron a
vender…pagando en dólares, claro.
LA INDUSTRIA DEL ACERO ALEMÁN NECESITABA URGENTEMENTE MINERAL DE HIERRO.
De nuevo no había dólares disponibles para comprar el rico mineral
sueco, con su contenido en hierro del 81% al 85%. Ante este nuevo
problema se desarrolló un nuevo proceso llamado el “Proceso Krupp-Renn”.
Así se pudo utilizar el mineral nacional alemán, con sólo un 26% de
contenido de hierro. Los mineros alemanes, trabajadores del acero y
empresas de metalúrgicas, poniendo todo su empeño, volvieron a trabajar
sin endeudarse con los financieros judíos de los estados vencedores de
Inglaterra y Estados Unidos, y evitaron de nuevo la esclavitud del
interés. La preocupación de los países más poderosos ante la
independencia financiera alemana era evidente, por lo que su intención
era cambiar esa situación como fuera y si había que provocar una guerra,
se haría.
La construcción de casas y apartamentos para los trabajadores fue
notable en todo el país. Los acuerdos de financiación eran bastante
razonables. Parejas recién casadas con hijos recibían generosos
préstamos reembolsables en diez años, para que pudieran comprar una
vivienda. El nacimiento del primer hijo cancelaba una cuarta parte del préstamo y el del cuarto todo lo que quedaba de deuda! El punto de vista de Hitler era el siguiente: “Durante
un período de diez años, una familia con cuatro hijos tenía que poder
pagar no solo la totalidad del préstamo, sino los impuestos”. Las
casas y apartamentos se construyeron naturalmente de acuerdo con los más
altos estándares de salud pública, muy diferentes a los antigüos
proyectos para las viviendas de trabajadores donde no se tenían en
cuenta. En pocos años, los ingresos fiscales se triplicaron.
Antes de finales de 1933, el gobierno de Hitler construyó la edificación de 202.119 viviendas, en los cuatro años siguientes se llegó a la cantidad de 1.458.128.
El alquiler mensual de un trabajador, según lo prescrito por la ley, no
debía exceder de 26 marcos. Eso representaba solo una octava parte de
sus ingresos mensuales. Los trabajadores con ingresos más altos pagaban,
como máximo, 45 marcos. Comparemos proporcionalmente esas cantidades
con los alquileres de hoy!
LA ALEMANIA DE HITLER NUNCA SUFRIÓ UNA CRISIS FINANCIERA
Estos logros se lograron gracias a la inventiva y la industria alemana
bajo el liderazgo de Hitler, logrando devolver la autoconfianza al
pueblo alemán. Eramos independientes y libres. Eso también es algo que
no olvidaremos! Con esa actitud llegamos a realizar grandes logros en
muchas otras áreas.
Como ya he dicho, yo provengo de una familia de campesinos, por lo
tanto, me gustaría explicar como Hitler resolvió los problemas agrícolas
alemanes.
Los campesinos, como todos los ciudadanos alemanes, también perdieron
sus ahorros en la gran inflación. Pero para los judíos y otros
especuladores extranjeros, esa situación calamitosa era una enorme
oportunidad de engrosar sus fortunas. Se comenzó a decir: “Ve a Alemania y podrás comprar una finca o una fábrica por unos pocos dólares!”
Y vinieron. La concesión de créditos a interés alto abrió el camino a
la dependencia, las ventas forzadas y las pérdidas de bienes.
En la celebración del Día de la Bückeburg en 1935, Hitler anunció la aprobación de la Ley de Sucesión para la Protección de la Agricultura,
por la cual las grandes explotaciones agrícolas de 15 o más hectáreas,
sólo podían transferirse por herencia. Estas granjas, que ya estaban en
manos extrañas, tuvieron que ser devueltas a sus dueños. El Estado
Nacionalsocialista puso los fondos necesarios para la recompra de
acciones. La compra de fincas por “unos pocos dólares” fue anulada por la la Ley de Herencia Agrícola,
para alegría de los agricultores. Fue una jugada de ajedrez brillante.
La especulación extranjera se redujo retroactivamente, porque no podía
hacer nada con sus marcos ya que no eran convertibles. Esto acabó de
despertar el odio de muchos países por la Alemania nacionalsocialista.
Otras medidas eficaces fueron tomadas en nombre de los agricultores, cuyos ingresos eran los más bajos en Alemania. Sólo en 1933, 17.611 casas fueron construidas para los agricultores. En los 3 años siguientes 91.000. Por estas y otras medidas, Hitler dignificó a los agricultores y ayudó a la mejora de su situación económica.
COMERCIO EXTERIOR.
Como Alemania ya no estaba en el patrón oro, su comercio exterior se
convirtió en un sistema de trueque. Todos los países que no dependían
economicamente de EE.UU. e Inglaterra adoptaron con gusto este sistema. A
cambio de maquinaria, recibíamos minerales, café, frutas tropicales y
materias primas de países como España, Portugal, Brasil y otros.
Todos los países europeos y de ultramar aprobaron este método de hacer
negocios, porque Alemania era un socio comercial serio y justo. A día de
hoy, la gente de esos países todavía dicen que fueron tratados
honradamente por la Alemania de Hitler y siguen siendo nuestros amigos
hoy en día.
Nuestros productos de exportación no estaban sujetos a la especulación en la Bolsa de Valores de Nueva York,
lo que beneficiaba a nuestros socios comerciales. Este método de
negociación fue, naturalmente, un puñetazo en el ojo de los banqueros
angloamericanos judíos, ya que no podían sacar provecho de nuestros
tratos comerciales. Otra vez la agitación contra Alemania se recrudeció.
La primera declaración de guerra por parte del Congreso Judío Mundial se produjo apenas 3 semanas después de la elección de Hitler de forma democrática.
La siguiente declaración fue publicada en primera plana del Daily
Express el 24 de marzo de 1933. He aquí unos fragmentos de esta
declaración de guerra: “... 14 millones de judíos en todo el mundo
están unidos como un solo hombre para declarar la guerra a la
persecución alemana de sus hermanos en la fe … los judíos del mundo han
decidido no permanecer en silencio ante un resurgimiento anti-judío que
no había existido desde la Edad Media … Que el banquero deje su banco,
el tendero su tienda y el vendedor ambulante su carreta.Todos unidos en
la guerra santa contra el enemigo hitleriano!!”.
Como ahora sabemos, los judíos del mundo no estaba preocupados por sus “hermanos en la fe”
en Alemania, sino por la retirada de Hitler del patrón oro por medio de
la productividad alemana, y la consiguiente de la pérdida de sus
beneficios en Alemania. Dos días después de esa declaración de guerra
contra Alemania, la Unión Sionista de Alemania envió un telegrama a cada
uno de los más influyentes e importantes judíos del mundo que decía: “Con
gran determinación hemos informado a toda la prensa del mundo, a través
de la Jewish Telegraph Agency, el 17 de marzo, nuestra postura contra
toda propaganda anti-alemana. Hemos repetido públicamente nuestra
protesta por la publicación en la prensa de falsas atrocidades
sensacionalistas contra los judios alemanes que no poseen ningún
fundamento. Protestamos contra todo intento de colocar los intereses
judíos al servicio de otros países o grupos. La defensa de los derechos
civiles judíos y su situación económica no pueden y no deben ser
vinculados a acciones políticas anti-alemanas“.
A pesar de estas advertencias de los judíos alemanes, los dirigentes
sionistas del mundo continuaron su campaña de propaganda contra
Alemania. Así se fue envenenando el clima político mundial. El
presidente del “neutral” de EE.UU. se unió a la refriega.
En Chicago, el 5 de octubre de 1937, el presidente de ese país habló por primera vez a cerca de la posición de “las naciones pacíficas” frente a “las naciones agresoras” (Japón, Italia y Alemania), declarando que sus exportaciones sufrirían una “cuarentena” al llegar al país, es decir, quedarían embargados por EE.UU. Esta declaración fue más tarde conocida como “El discurso de la Cuarentena”. Al término del mismo, Roosevelt hipócritamente dijo: “He intentado evitar, a traves de la paz, una nueva guerra. América odia la guerra !!”. El 21 de noviembre de 1938, Jerszy Potocki, el embajador polaco en Washington, mencionó que había visitado al embajador estadounidense en Francia William Bullit,
comunicándole que Roosevelt había decidido llevar a EE.UU. a una guerra
que podría durar seis años. Bullit le bailó el agua hablando
despreciativamente sobre Alemania y sobre Hitler.
El 27 de diciembre de 1945, James Forrestal, Subsecretario de la Navy, escribió en su diario:.. “
En 1938, se repitió la declaración de guerra por parte judía contra
Alemania. Los productos alemanes fueron boicoteados en EE.UU. El pueblo
norteamericano fue instigado por la prensa judía a hacerlo, llegando
hasta la colocación de explosivos en los aviones que transportaban
productos desde Alemania. El dirigente suizo nacionalsocialista, Wilhelm Gustloff y von Rath
de la embajada alemana en París, fueron asesinados por los judíos. Sus
declaraciones de guerra contra Alemania y sus ataques contra personas e
intereses alemanes en el extranjero pusieron en peligro a los judíos en
Alemania. El resultado final fue el boicot contra los negocios judíos
en el país.
La judería internacional fue responsable de la guerra, y como enemigos
declarados de Alemania, serían tratados como tales y confinados en
campos de concentración.
El 24 de marzo de 1933, el Sindicato Nacional Judío en Alemania envió una nota a la Embajada de EE.UU. en Berlín, declarando: “Es
nuestra decisión rechazar la agitación anti-alemana de los llamados
intelectuales judíos que extienden rumores falsos y maliciosos en el
extranjero. Estos hombres, que escondían, en su mayor parte, su
condición de judíos cuando habitaban en Alemania, renunciaron a su
derecho a ser nuestros defensores cuando nos abandonaron en un momento
crítico huyendo del país, por lo que no tienen derecho a inmiscuirse en
nuestros asuntos con los alemanes. Desde una cómoda y deshonrosa
posición proclaman sus exageraciones que solo hacen que perjudicar
gravemente a los judios alemanes en Alemania …“
Pero los agitadores continuaron con su constante difamación de Alemania y
de Hitler. Con la rendición incondicional de las fuerzas armadas
alemanas el 8 de mayo de 1945, los anti-alemanes lograron su objetivo
una vez más: descuartizar a Alemania como un ganso muerto, tal y como
sigue sucediendo hoy en día.
Nuestra descendencia no sabe absolutamente nada acerca de esos
acontecimientos. El pueblo alemán, los políticos y los medios de
comunicación han preferido ignorarlos, ¿Por qué?
ALGUNAS OPINIONES ACTUALES EN EL EXTRANJERO ACERCA DE HITLER Y EL SOCIALISMO NACIONAL EN “AQUELLOS TIEMPOS”.
A continuación, me gustaría citar a un político extranjero que era
nuestro enemigo en la Primera Guerra Mundial, el ex primer ministro de
Inglaterra, Lloyd George, quién después de visitar a Alemania en 1936, realizó unas declaraciones al “The Daily Express” en las que decía:
“Acabo de regresar de una visita a Alemania. He visto al famoso líder
alemán y los grandes cambios que ha logrado en su país. Todo lo que
pensaba de sus métodos, que ciertamente no son parlamentarios, han dado
lugar a un maravilloso cambio en la forma de pensar del pueblo alemán.
Por primera vez desde la guerra (primera mundial), reina un sentimiento
general de confianza. Las personas son más felices. A lo largo de todo
el país hay una sensación general de alegría. Es una Alemania feliz y
solo un hombre ha logrado ese milagro. El hecho es que Hitler ha
liberado a su tierra de su miedo constante y de su desesperanza lo que
ha despertado su orgullo, logrando el respeto de muchos países y la
autoridad ilimitada de la que hoy disfruta en Europa”
Hitler no fue admirado como lider, sino que su honradez lo elevó al
rango de héroe nacional, un héroe que rescató a su tierra de la
desesperanza y la degradación total. Él fue el “George Washington alemán”, el hombre que ganó para su país la independencia liberándolo de sus opresores.
El 7 de mayo de 1945, el ganador del Premio Nobel de Noruega, Knut Hamsun, fue citado en Aftenposten: “Hitler
era un reformista del más alto rango, pero su destino histórico fue el
coincidir con una época de brutalidad sin precedentes, de la que,
finalmente, una víctima “.
Hubo otros comentarios, como los de Churchill y Roosevelt realizados durante los Juegos Olímpicos de 1936, Churchill dijo: “Vamos a obligar a Hitler ha entrar en la guerra, lo quiera o no.” En 1937, el Premier Británico dijo al canciller alemán Ribbentrop: “Si Alemania se hace demasiado fuerte, vamos a tener que ir a la guerra de nuevo!”
Roosevelt hipocritamente declaró ante el Congreso de EE.UU. en 1934: “No habrá, de momento, guerra con Alemania … solo hemos planeado algunas posibilidades”.
Lord Halifax, el canciller y el virrey de la India, también un belicista declarado, como se cita en el libro de 1962 del profesor David L. Hoggan, “La Guerra forzada”, dijo: “Hemos decidido echarle toda la culpa de la guerra a Hitler.”
Hitler no quería la guerra. El 19 de julio de 1940, declaró en su discurso ante el Reichstag: “Estoy
entristecido por el hecho de que mis esfuerzos no han servido para
poder establecer una amistad con Inglaterra, que, en mi opinión, hubiera
sido beneficiosa para ambos pueblos.”
Hitler viajaba a menudo en su tren especial desde Berlín a Munich y
viciversa. Tan pronto como la gente en ambos lados de las vías veía el
convoy, dejaban su trabajo y saludaban con el brazo en alto. Hitler era
uno de nosotros, y estábamos orgullosos de él!
Mi padre era un pequeño agricultor, que tenía que pagar sus impuestos de
la propiedad cada seis meses. El cobrador era un trabajador forestal
del mismo distrito, que había sido designado por el departamento de
finanzas para realizar los cobros. Aunque su casa estaba a sólo 150
metros de distancia de la nuestra, mi padre vestía su mejor traje, para
llevar su contribución a nuestro país, que se llama Alemania. El pago de
los impuestos era para mi padre un deber honorable y sagrado.
Una de las primeras decisiones de Hitler fue intentar eliminar la
represión policial contra el pueblo, por lo cual prohibió las porras en
su equipamiento. Esto demostró claramente que los dirigentes del Tercer
Reich tenían confianza en las masas en lugar de temerlas.
Declaraciónes de Friedrich Kurreck
Traducción y adaptación en español de Acacio Luis Friera