España avanza con paso firme hacia su destrucción como país y como
proyecto de convivencia, empujada por una casta política inepta, alejada
de la democracia y de las menos preparadas y eficientes del mundo
occidental. Pero, a pesar de los estragos visibles que el mal gobierno
está causando (desempleo, pobreza, tristeza, desesperación, injusticia,
abuso de poder, etc.) y de la evidente necesidad de regenerar la
democracia, hay unos 17 millones de personas que sostienen el sistema y
siguen apoyando el bipartidismo siniestro y antidemócrata que destroza
la nación.
Esa masa de votantes fijos y fanáticos empedernidos apoyan con su voto
al PSOE (unos siete millones), al PP (otros siete millones) y el resto a
Izquierda Unida y a los nacionalismos. Su principal rasgo es que votan a
los suyos hagan lo que hagan, aunque haya quedado demostrado que esos
partidos destruyen la nación y causan daños terribles a la ciudadanía.
La masa fanática está integrada por la misma casta política, por sus
aliados ricos y poderosos, por los militantes, por los que viven y
cobran gracias a su partido y por una corte de periodistas sometidos,
empresarios dependientes del negocio público y banqueros y profesionales
inmorales y babosos entregados al poder.
Esos fanáticos recalcitrantes, que no votan por ideas o por ideales,
sino por conveniencia, son los enemigos de España, sostenedores de la
gran vergüenza nacional que representa un sistema decadente e injusto al
que llaman “democracia” sin que se parezca en nada a ese digno sistema
político inventado en la Grecia clásica.
Todos viven al amparo de una gran mentira que los periodistas sometidos
al poder y sus amos políticos proclaman cada día: “El mejor sistema
político es la democracia y los que pretestan es porque quieren
destruirla”.
Ocultan cuidadosamente que la inmensa mayoría de los españoles que
protestan y rechazan el sistema corrupto e injusto que nos gobierna lo
que deseamos y proclamamos es, precisamente, una democracia verdadera.
Ni una sola de las normas y reglas básicas del sistema democrático es
respetada en España, donde no existe igualdad ante la ley, ni separación
de los poderes básicos del Estado, ni control democrático de los
poderes públicos, ni elecciones verdaderamente libres en las que los
ciudadanos puedan elegir sin obstáculos a sus representantes, ni una
sociedad civil fuerte e independiente, capaz de servir de contrapeso al
poder, ni una prensa crítica que cumpla con su deber de fiscalizar a los
grandes poderes. España es un páramo antidemocrático, sin ciudadanos,
donde el poder es ejercido sin controles por una casta política
insaciable y torpe, encuadrada en partidos políticos que anteponen
siempre sus propios intereses al bien común y al interés general.
Pero los “perros del poder” repiten una y otra vez que la democracia es
el mejor sistema y que los que salen a las calles a protestar quieren
acabar con ella, ocultando que los que han acabado con la democracia, en
verdad, son los González, los Aznar, los Zapatero, los Pujol, los
Ibarretxe, los Rajoy y otros muchos políticos ajenos por completo a la
democracia, a la verdad y a las verdaderas libertades cívicas.
España es un país sin auténticos ciudadanos, poblado por masas de
borregos hábilmente engañados y conducidos por políticos profesionales
que utilizan cualquier método para imponer su voluntad y controlar el
poder y sus privilegios. Han hecho pagar a los ciudadanos, en especial a
los más débiles, el grueso de la factura de una crisis que ellos
mismos, con su torpeza y corrupta irresponsabilidad, han provocado. Sin
renunciar al grueso de sus privilegios, han aplastado con impuestos a
los ciudadanos y a las empresas, provocando el empobrecimiento del país,
sólo para que al Estado jamás le falte la cartera llena de billetes.
Son los culpables directos del cierre de´200.000 empresas asfixiadas
porque las administraciones no les pagaban las deudas, gente detestable
que anteponen una y otra vez sus intereses a los de la ciudadanía, los
mismos que han impulsado el nacionalismo y la división de l sociedad,
los que han entretenido y lobotomizado al pueblo con la televisión
basura y el espectáculo, sin jamas estimular los valores cívicos, ni la
participación ciudadana, ni la responsabilidad compartida.
A pesar de los estragos que han causado, nunca han pedido perdón, ni han
denunciado los desmanes y abusos que cometían sus colegas políticos,
desde robos a enriquecimientos ilícitos, sin olvidar el uso del dinero
público para beneficiar a los amigos del poder y la manipulación de la
verdad, de los concursos públicos y oposiciones y del principio de
igualdad de oportunidades, violado una y mil veces cuando los políticos
colocaban en el Estado, con sueldos públicos, a sus compañeros de
partido, familiares y amigos.
Hay nada menos que 17 millones de enemigos de la democracia y del
progreso, impidiendo que España sea una nación decente, justa y
orientada hacia la justicia y los valores fundamentales. Forman una
legión detestable, comandada por los políticos y soportada por jueces
sometidos, periodistas mentirosos, banqueros inmorales, empresarios
babosos y millones de ciudadanos lobotomizados y presos de la
irracionalidad, el servilismo y el fanatismo más degradante.
Frente a esa masa indigna e involucionista, apenas hay un par de
millones de verdaderos ciudadanos, gente responsable, cumplidora y
consciente de que la democracia no es un sistema que se instaura sino
una conquista que hay que vigilar y defender cada día y que no existe
democracia si no se establecen férreos controles ciudadanos a los
políticos, a los partidos y a los gobiernos. Saben que la democracia es
algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos.
La mejor manera de derrotar a ese ejercito del mal no es enfrentarse a
él directamente, porque entonces emplearían contra los ciudadanos sus
armas y recursos ingentes en poder del Estado, sino desacreditándoles y
poniendo de manifiesto sus vilezas con argumentos, ideas y
comportamientos rebeldes ejemplares, logrando que disminuya cada día más
la tropa lobotomizada y engañada, consiguiendo que los cómplices y
perros del poder que soportan esa inmensa canallada se arrepientan de
sus traiciones y suciedades y se incorporen a la ciudadanía, a los
valores democráticos, a la decencia y a la construcción de una sociedad
mejor, regida por la verdadera democracia de hombres y mujeres libres.
Ese es el único camino.
Francisco Rubiales