Peter Sutherland
En ocasiones el “turbocapitalismo”se sincera con esa chusma a la que
en el fondo desprecian y que tiene el grave inconveniente de vivir en
comunidades naturales que denominamos “pueblos”.
Por supuesto no lo hacen por afán de informar, sino porque saben que
en el fondo nada de lo que digan variará el estado de las cosas que
ellos han trazado.
Esto es lo que ha sucedido, de acuerdo con la información revelada por el analista político de la
BBC News Brian Wheeler, el pasado día 21 de junio. Según
Wheeler,
el presidente no-ejecutivo de Goldman Sachs International, antiguo
presidente de la British Petrolum (BP), asistente habitual –cómo no – a
las reuniones del Bilderberg Group y presidente del Foro Global de
Migraciones y Desarrollo de las Naciones Unidas –una entidad que reúne a
más de 160 países-,
Peter Sutherland, ha declarado
ante el Comité de Migraciones de la Casa de los Lores que la inmigración
es una “dinámica crucial para el crecimiento económico” en algunos
países de la UE, “aunque sea difícil de explicar a los ciudadanos de
esos Estados”.
Según
Sutherland, “el factor clave” es la población
envejecida y el declive demográfico como sucede en Alemania y en los
países del Sur de Europa, y manifiesta que aunque duda “en utilizar la
expresión porque la gente la ataca” es también un factor clave “para la
construcción de estados multiculturales”.
Sutherland añade que “es imposible considerar válido
el grado de homogeneidad que implica la hipótesis alternativa porque
los estados tienen que convertirse en estados más abiertos en términos
de la gente que los habita, tal y como ha demostrado el Reino Unido”.
El individuo en cuestión valoró así mismo cierta información hecha
pública por la OCDE, según la cual en los EEUU, Australia y Nueva
Zelanda, los extranjeros tienen una tasa de empleo mayor que en Europa.
Sutherland considera que se trata de sociedades de emigrantes en las
cuales es relativamente fácil acomodar a los recién llegados, al revés
de lo que sucede en otros estados que alimentan aún un cierto sentido de
homogeneidad y de diferencia respecto del entorno. Al parecer “esto es
precisamente lo que la Unión Europea, en mi [su] opinión, debería de
esforzarse al máximo en socavar”.
Como si de una ley de la naturaleza se tratara,
Sutherland
anunció en el curso de una conferencia ante el London School of
Economics –del que por cierto también es presidente- que hay “un cambio
desde [un modelo en que] los Estados seleccionan a sus inmigrantes hasta
[otro modelo en que] los inmigrantes seleccionan a los estados” y que,
por ello, la capacidad de la UE para competir “a nivel global” está en
riesgo. A partir de ahí, en esa misma conferencia, Sutherland se lanzó a
una crítica de ciertas medidas políticas recientes adoptadas en el
Reino Unido, por las cuales se ha restringido una política inmigratoria
de puertas abiertas y ha abogado por sacar a los estudiantes que van a
estudiar al citado país de las estadísticas oficiales de inmigración.
Las declaraciones de
Sutherland, por razones de
espacio brevemente reseñadas en esta columna, suscitan ciertas
reflexiones críticas que normalmente no afloran demasiado en medios
convencionales. En primer lugar, es evidente que existe una elite
mundial que se mueve como pez en el agua dentro de una poderosa red
global de influencias. Dicha red fluctúa entre
think tanks
privados o semiprivados (como el London School of Economics), organismos
transnacionales (como la ONU) y el “complejo financiero -industrial”
(como BP o Goldman Sachs International).
En segundo lugar, esta misma red sostiene opiniones a menudo
contrarias a las opiniones de “la gente”, pese a lo cual el criterio
asumido no es estrictamente “democrático”, en el sentido de respetar la
opinión pública, sino pedagógico, en el sentido de que los organismos
públicos deben de emplear sus recursos en convencer a “la gente” de lo
contrario. Tercero, este tipo de personas pasan como sobre ascuas a la
hora de considerar las condiciones laborales de las personas de esos
“Estados homogéneos”.
Sutherland, cuya retribución y
situación económica sospechamos que queda bien por encima de la del
común de los mortales “homogéneos”, no puede ignorar que el incremento
de la inmigración va aparejado a la destrucción de los derechos sociales
de los trabajadores, sean éstos o no inmigrantes. Lo importante es ser
“competitivos”, un argumento que, llevado al límite, se torna criminal
para las personas, toda vez que el trabajador más “competitivo” de la
historia es el esclavo que construyó las pirámides de Egipto, y con el
cual gente como
Sutherland debe soñar.
Sospechosamente,
Sutherland, al que nadie eligió
pero que desde instancias públicas conmina a los Estados a “socavar la
homogeneidad” de su población, ampara sus ideas en una afirmación cara
al demo-liberalismo y a la izquierda en general: “Básicamente los
individuos deben tener libertad de elección” acerca de si quieren
estudiar o trabajar en otro país. Naturalmente, nada se dice acerca de
si eligen libremente o son presionados por unas condiciones económicas
generadas por modelos que despojan a las personas de oportunidades en
sus lugares de origen, que es donde ello quisieran estar. Así mismo,
estas ideas obvian igualmente cualquier consideración hacia los derechos
de las comunidades naturales y de los pueblos, tan esenciales para la
vida humana como el respirar. No hace falta decir, por último, que en
este discurso antipopular, de proyección global, a favor de un modelo
económico concebido para las élites de un capitalismo despiadado,
convergen por diversos motivos, a veces similares y a veces simplemente
complementarios, los idearios de la izquierda “progresista” y del
“centro derecha” de corte liberal. Lo único que queda excluido es la voz
y la existencia misma de los pueblos a los que hay que “socavar” en su
“población”, esto es: en sus integrantes, en lo que ellos verdaderamente
“son”.
Por todo ello es importante que se sepa que este mensaje, que
comparten, divulgan y contribuyen a imponer hasta con “fiscales” pagados
con los impuestos de todos, nuestros partidos políticos, nuestras ONGs e
incluso –errónea y estúpidamente- algunos sectores de nuestras
iglesias, nace de arriba y llega abajo. No nace, como pretende la
retórica hiperdemocrática, “del pueblo”. Está concebido en cenáculos a
los que los “media” –tan dispuestos a airear cosas sin el menor interés
de la vida íntima de fulanos despreciables- ni siquiera osan molestar,
quizás porque esos mismos “media” existen, no para “informar”, en
calidad de mero engranaje dentro de la estructura de poder de los
tiempos.
En el fondo, los
Sutherland y compañía nos desprecian si no es como meros
homo oeconomicus,
como borregos al servicio de su “competitividad global”. Pero a veces
resulta chocante comprobar cuantas de las ideas que pululan en la
sociedad en que vivimos nacen de las consignas que divulgan tipos como
éste. Por eso, para enterarse de lo que verdaderamente importa, es
esencial estar al tanto de las apariciones, siempre imprevisibles y muy
ocasionales, de estos nuevos “ángeles custodios” de nuestras libertades.
http://elsilenciodelaverdad.wordpress.com/2012/06/27/como-socavar-la-homogeneidad-de-los-estados/