De unos, los partidarios de la restricción del porte de armas a
particulares, ya conocemos sobradamente sus argumentos. Hablan de la
necesidad de restringirlas al común de los mortales para evitar un
escenario digno de película de Sergio Leone con todos disparándose por
cualquier discusión de bar.
Sin embargo, pocas veces mencionan datos que respalden sus opiniones.
En este artículo vamos a exponer los argumentos a favor de la libertad
de llevar armas, con datos. Vamos a hablar de la situación de lugares
donde existe y donde no, de su vigencia y las implicaciones sociales que
ha tenido históricamente, y de quienes y por qué están detrás de la
prohibición.
Armas y libertad individual
Estos dos conceptos, el porte de armas y la libertad individual, siempre
han ido unidos. Porque uno de los hechos diferenciales entre el hombre
libre y el esclavo, y el privilegiado y el no privilegiado, ha sido
precisamente el derecho a llevar armas. Es por esta razón que en la
mentalidad ancestral, el individuo libre consideraba la posesión de
armas como símbolo indiscutible de su estatus social. Y esto no es
simple simbolismo, son las armas las que les permitían ser un contrapeso
al poder y defenderse no solamente de invasores externos sino también
de los abusos de los gobiernos, y es por eso que los sectores sociales
dominantes siempre han tendido a controlar y reducir el número de armas
entre sus potenciales enemigos a la vez que tratan de asegurarse para
ellos el monopolio de las armas, es decir, de la fuerza.
En algunos casos la motivación es más obvia que en otros. Según la
sharia islámica los no musulmanes tiene prohibido llevar armas, y en la
Alemania nazi los judíos tampoco podían. En URSS se requisaron todas las
armas a los campesinos. Está claro que la motivación en estos casos era
mantener a los enemigos potenciales desarmados.
Pero ahora, bajo la aureola de legitimidad que da el llamado Estado de
Derecho y la democracia, se supone que todos somos iguales ante la Ley
así que para justificar el monopolio de las armas se utilizan argumentos
que aluden a la seguridad ciudadana, a pesar de que el objetivo real
sea el mismo: mantener a los enemigos potenciales desarmados.
El derecho a llevar armas lo largo de la Historia

En la Edad Media europea normalmente solo la aristocracia podía
legalmente llevar armas, excepto en lugares y épocas concretas. Por eso
los escudos heráldicos de armas, pertenecientes a la nobleza, significan
que su portador descendía por línea paterna de un ancestro que tenía
derecho a llevar armas, algo propio de nobles. En la sociedad estamental
medieval era el aristócrata guerrero, el caballero, quien no solamente
tenía derecho sino obligación de llevar armas y estar listo para la
guerra. Llevar espada no solamente era símbolo de poderío económico
debido a su desorbitado precio, sino también social ya que solamente la
nobleza tenía permitido llevarla. Esta restricción a la plebe de llevar
armas tenía como objetivo asegurar la preeminencia del estamento
privilegiado. El pueblo llano, con un acceso a un armamento mucho más
pobre que en la mayoría de los casos se reducía a utensilios agrarios,
apenas tenía oportunidad de tener éxito en una rebelión contra los
habituales excesos de los nobles.
Sin embargo, hubo excepciones a esto, como la España cristiana durante
la Reconquista. Para hacer más atractiva y así asegurar la repoblación
de las zonas fronterizas con la
tierra de moros, extremadamente
peligrosas por estar sujetas a continuos ataques del enemigo musulmán,
los reyes concedían fueros, es decir, cartas de derechos, obligaciones y
privilegios a los repobladores que se establecían allí. Entre estos
derechos estaba el de llevar armas y formar milicias, las milicias
concejiles.
Infante de una milicia concejil
Es aquí donde empiezan a surgir figuras como el hidalgo, el caballero
villano o el almogávar, una especie de baja nobleza militar, a veces
aristocracia de iure y otra de facto, que se caracterizaba por tener
estatus libre, estar armada, organizada y exenta del pago de impuestos,
así como del control de la alta nobleza. Esta “clase media” medieval no
solo fue la punta de lanza de la Reconquista, sino que también actuó
como contrapeso frente al poder nobiliario, impidiendo que se formase
una sociedad rígida y basada en el poderío absoluto de la alta
aristocracia y la servidumbre del pueblo llano como en la mayor parte de
Europa entonces. Es posible que el carácter arrogante, orgulloso y
completamente intolerante con los abusos de cualquier superior que
caracterizaba a los españoles a ojo del resto de europeos tenía mucho
que ver con el que se consideraran hombres libres.
"Espada tengo, lo demás Dios lo remedie." Miguel de Cervantes
Esta tradición tuvo su eco en los siglos posteriores. Cuando en 1525 el
rey francés Francisco I fue apresado después de perder en la batalla de
Pavía y enviado a la corte de Madrid, le llamó la atención una cosa en
especial: en el mundo medieval del que provenía, ya en sus últimas, solo
los caballeros podían llevar espada. Mientras que en la capital de
España todo el mundo la llevaba. No solamente los caballeros, hasta los
sastres, los juglares, los capellanes e incluso los niños llevan espada,
que practicaban con ellas a todas horas igual que hoy en día hacen los
niños de las favelas de Brasil con un balón. Poetas, abogados y obispos
llevaban espada y sabían usarla, entre ellos Quevedo, un gran
esgrimista.
De ahí viene la espada ropera, una espada destinada al uso civil que se
caracterizaba por tener más adornos que las militares (por eso se
llamaban roperas, porque acabaron siendo como un complemento más a la
ropa). La espada era la prolongación de la mano de un español, y aquí
nacieron escuelas de esgrima como la Verdadera Destreza, basada en la
defensa, que llegaron a influir tan lejos como en Filipinas –algo
visible en la eskrima, un arte marcial de allí- e incluso en Japón.
En los siglos posteriores, la espada acabó siendo sustituida por la
navaja plegable, cuyo uso también se aprendía desde joven. Había
numerosas escuelas de pelea con cuchillo, las mejores en Andalucía, y
sus tácticas pasaron a Hispanoamérica con el nombre de “legado andaluz”.
Estas navajas, conocidas como “siete muelles” o popularmente como “de
Curro Jiménez” por su aparición en la serie setentera de tve, fueron el
terror de los ocupantes franceses durante la Guerra de Independencia.

Finalmente, cuando las armas de fuego se hicieron lo suficiente baratas
como para que hasta un jornalero pudiese comprarlas, comenzó a haber una
colgada en la pared del salón de cada casa, a pesar de la Pragmática de
Armas Prohibidas promulgada en tiempos de Carlos III para ilegalizar su
tenencia. Es bien sabido que al acabar la Guerra Civil, para evitar
posibles represalias mucha gente se deshizo de auténticos arsenales de
armas que habían ido pasando de generación en generación, incluso de
épocas tan antiguas como de principios del XIX.
¿Más armas, más muertes?
Hasta aquí hemos hablado de las implicaciones sociales de la libertad de
armas, de su existencia a lo largo de la historia y de la motivación
real que hay tras su prohibición. Pero no hemos hablado en absoluto de
las repercusiones que tienen la libertad y la restricción de armas.
¿Aumentan o reducen la tasa de delincuencia y los homicidios? En
definitiva ¿las armas salvan más vidas de las que quitan, o es al revés?
Todo esto lo vamos a ver a continuación.
La introducción de las armas de fuego
Las armas de fuego de pequeño tamaño, en concreto el arcabuz, comenzaron
a usarse en grandes números por los Tercios españoles a principios del
XVI, algo rápidamente copiado por los otros grandes ejércitos europeos.
Sin embargo, no fue hasta un siglo más tarde cuando se convirtieron en
lo suficientemente baratas como para poder ser adquiridas por pequeños
propietarios. Para el año 1700, hasta los campesinos tenían armas de
fuego.
Para entonces, las tasas de crímenes violentos lejos de subir tuvieron
una bajada drástica (el aumento de los crímenes en el XIX se debe a unos
mejores registros, no a una subida real del crimen):
Estados Unidos
Fuente: Would Banning Firearms Reduce Murder and Suicide?. Harvard Journal of Law & Public Policy. 2007
País paradigmático de la libertad de armas, a menudo se pone como
ejemplo de la peligrosidad a la que lleva el tener fácil acceso a ellas.
¿Qué hay de cierto en ello? El derecho a llevar armas es
constitucional, la famosa Segunda Enmienda, aunque su origen es incluso
anterior a la independencia de EEUU y la constitución se limitó a
recogerlo y asegurarlo.
Ya en el XVIII los colonos estadounidenses eran la población más armada
del mundo, y también aquí, lejos de ser un caos los crímenes violentos
eran raros y la mayoría de asesinatos ni siquiera se hicieron con armas
de fuego, a pesar de lo extendidas que estaban. Las tasas de homicidio
subieron por primera vez hacia 1840, lo que coincide con una época en la
que mucha menos gente llevaba armas ya que una parte importante de la
población estaba asentada en zonas pacíficas y además no necesitaba
cazar.
Después de la guerra civil el uso de armas vuelve a popularizarse y
extenderse, con la novedad de que esta vez se extienden armas con mayor
cadencia de tiro como el revólver, y a finales de siglo las armas
baratas son ya una realidad, incluyendo las llamadas “pistolas de dos
dólares”. En este periodo (1866 – 1900), las tasas de homicidio
volvieron a bajar.
Entre 1965 y 1975, la tasa de asesinatos se duplicó, una época que
coincide con un importante aumento de la compra de armas, lo cual se usó
por los opositores a la libertad de armas como prueba de que más armas
implica más asesinatos. Sin embargo, en la URSS durante la misma época
la tasa de asesinatos aumentó de manera similar, con la diferencia de
que en la URSS las armas estaban muy restringidas a los civiles.
Desde 1973 a 1997, el número de armas de fuego aumentó en un 160%, pero
la tasa de asesinatos bajó en un 27,7% y continuó bajando los años
siguientes, a pesar de que cada año se compraban 5 millones de armas, y a
finales del 2000 la tasa de asesinatos había regresado a niveles
anteriores a 1960-1975.
En resumen, no hay ninguna prueba de que más armas impliquen más
muertes. El número de armas por cápita no ha hecho más que aumentar sin
que ello haya llevado a un aumento de la violencia, lo que significa que
la posesión de armas no tiene un impacto (positivo o negativo) en las
tasas de crímenes violentos. Para explicar la delincuencia habrá que
buscar otras causas, ya sean sociales, económicas o etnoculturales.
A nivel geográfico, se repite el mismo patrón.
En verde, estados donde se puede llevar armas sin licencia.
En azul, estados donde se puede llevar armas con licencia (necesario un curso de un día y no tener antecedentes penales)
En amarillo, estados donde para llevar armas es necesario justificar una necesidad para ello o ser famoso.
En rojo, estados donde no existe el derecho a llevar armas, excepto policías.
Las jurisdicciones donde las armas están más restringidas tienen las
tasas más altas de crímenes violentos, y aquellas con menos
restricciones tienen las más bajas. Y las tasas de robo con violencia
son las más altas en aquellas más restrictivas.
En encuestas de opinión realizadas a encarcelados por delitos violentos,
tanto menores como adultos, un gran porcentaje de ellos respondió que
temían que sus víctimas potenciales pudiesen estar armadas e incluso
llegaron a abortar sus crímenes por ello. Y los delincuentes más
temerosos de enfrentarse a una víctima que pudiese estar armada eran
aquellos de estados con el mayor porcentaje de armas entre la población.
De hecho, las matanzas multitudinarias (principal argumento esgrimido
para prohibir las armas) se han cometido en “Gun Free Zones”, es decir,
lugares como universidades o colegios donde las armas están prohibidas.
¿Y Europa?
Por lo general, los países de Europa tienen una legislación mucho más
restrictiva que la de EEUU y menos armas legales en circulación. Esto,
de ser ciertos los argumentos de los partidarios de la restricción del
acceso a las armas, significaría unas tasas de crímenes violentos más
bajas. ¿Es así?
Incorrecto otra vez. En Europa, al igual que en EEUU, vemos que más armas no implican más muertes:
Tampoco más armas por habitante implican más muertes.
Serbia,
Suiza, Chipre, Suecia y Noruega por este orden están entre los 10
países del mundo con mayor cantidad de armas por cápita.
En esta tabla se puede ver como los países europeos con legislaciones
más restrictivas tienen tasas de asesinato más altas que sus vecinos más
permisivos con las armas:
Esto no demuestra que la restricción de armas cause tasas de asesinato
más altas, pero sí parece que los países con problemas de delincuencia
tienden a restringir mucho el acceso a las armas y ello no sirve para
reducirla.
España es uno de los países de Europa con mayor número de armas legales, y los incidentes son mínimos:
Tampoco las armas cortas, más fáciles de llevar y de esconder y por
tanto más proclives de usar en agresiones callejeras o atracos, juegan
un papel en ello:
En definitiva, ha quedado claro que mayor número de armas (ya sea total o
por cápita) no implica más crímenes violentos y que la restricción del
porte de armas no redunda en una disminución de éstos. Por tanto, los
argumentos a favor del control de armas basados en la seguridad no
tienen ninguna validez.
Armas y defensa propia
Otro de los argumentos en contra de la libertad de armas es que su uso
es principalmente ofensivo, no defensivo. Pero en EEUU, donde más
amplias estadísticas hay,
por cada muerte causada por armas hay 65 vidas protegidas cada año. 35.000 personas mueren por armas de fuego, pero 2.5 millones se salvan gracias al uso de armas. Cinco cada minuto.
En cuanto a su seguridad como forma de defensa, las estadísticas
muestran que las armas son el método defensivo más seguro y efectivo.
Usar armas para la defensa personal es el medio menos lesivo de defenderse y es incluso más seguro que no resistirse.
El control de las armas no va sobre las armas, sino sobre el control
A estas alturas debería quedar claro que el gobierno no es tu amigo, y
en lo que se refiere al asunto de las armas, tampoco. La motivación de
su restricción según las autoridades obedece a una cuestión de
seguridad, pero ¿seguridad para quien? De los ciudadanos no, como hemos
visto, sino del propio gobierno y de sus allegados. Asegurarles el
monopolio de la fuerza y en última instancia, del control sobre la
población, impidiendo que nos podamos defender y que dependamos de ellos
incluso aunque no hagan bien su trabajo.
Esto en España ha llegado a cotas surrealistas. Gente que ha ido a
prisión por defender su casa de asaltantes armados usando su escopeta de
caza, siendo denunciada por los mismos ladrones. Agricultores que se
organizan en patrullas nocturnas para que no les roben la maquinaria y
el cobre, y que tienen prohibido llevar armas e incluso deben avisar a
las autoridades de la hora y ruta.
El control de armas es algo que solo sirve para impedir que el ciudadano
común pueda defenderse acceder a ellas de forma legal. Porque para el
delincuente sigue siendo muy fácil conseguirlas (se calcula que en
España hay 300.000 armas ilegales en el mercado negro), y ya no digamos
para las mafias y bandas organizadas, que tienen auténticos arsenales
inclusive de armas de guerra. Tampoco políticos, famosos o grandes
empresarios, a menudo relacionados con los anteriores, tienen problemas
en conseguirlas sin que nadie les diga nada.
Estas armas ilegales en manos de mafias y lumpen son las que causan
problemas, y estando el ciudadano honrado desarmado, no tienen a nadie
que les ponga un límite. Pensamos que hemos avanzado mucho, sin darnos
cuenta de que la sociedad sigue estando formada por privilegiados y no
privilegiados a los que se les aplican diferentes baremos, y nosotros
estamos en el último grupo por mucha palabrería de democracia, igualdad y
Estado de Derecho.