lunes, 9 de noviembre de 2015

Marco Tulio Cicerón (106 a.C.- 43 a.C.)

“Una nación puede sobrevivir a sus propios imbéciles e incluso a sus ambiciosos. Pero no puede sobrevivir a la traición interna. Un enemigo a las puertas es menos formidable, pues es conocido y enarbola sus estandartes abiertamente. Pero el traidor, se mueve libremente entre los que guardan esas puertas, su maquinación se expande como el viento por los callejones, hasta hacerse oír en los salones del mismo gobierno. Pues el traidor no se muestra como un traidor; él habla con el acento que les es familiar a sus víctimas, y se muestra con sus mismas caras y argumentos, haciendo referencia al poso profundo del corazón de los hombres. Él pudre el alma de la nación; él trabaja secretamente y amparado en la noche para debilitar los pilares de la ciudad; él infecta el cuerpo político para que no pueda resistir. Un asesino es menos de temer. El traidor es la plaga”.


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