“Una nación puede sobrevivir a sus propios imbéciles e
incluso a sus ambiciosos. Pero no puede sobrevivir a la traición
interna. Un enemigo a las puertas es menos formidable, pues es conocido y
enarbola sus estandartes abiertamente. Pero el traidor, se mueve
libremente entre los que guardan esas puertas, su maquinación se expande
como el viento por los callejones, hasta hacerse oír en los salones del
mismo gobierno. Pues el traidor no se muestra como un traidor; él habla
con el acento que les es familiar a sus víctimas, y se muestra con sus
mismas caras y argumentos, haciendo referencia al poso profundo del
corazón de los hombres. Él pudre el alma de la nación; él trabaja
secretamente y amparado en la noche para debilitar los pilares de la
ciudad; él infecta el cuerpo político para que no pueda resistir. Un
asesino es menos de temer. El traidor es la plaga”.
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