martes, 21 de julio de 2015

"Tercio de Extranjeros"

Franco consigue que se le destine a África y tras una serie de puestos sin importancia, comienza a destacarse en combate al mando de una tropa semi mercenaria, los Regulares Indígenas. Esto llama la atención de los bereberes, hace ganarse el respeto de amigos y enemigos y sobre todo provoca que se fije en él un tipo peculiar, héroe condecorado, futuro mutilado por España, mitad loco mitad genio, a veces generoso a veces un psicópata; el teniente coronel Millán-Astray.


El brazo, el ojo y parte de la mandíbula quedaron en Marruecos

Éste, que funda bajo permiso de Alfonso XIII un cuerpo de choque profesional a imitación de la Legión Extranjera de Francia, piensa en Franco para comandar una de las unidades, denominada "Bandera". Los primeros legionarios son presidiarios a los que Millán Astray, devoto del Bushido (código samurai) les dice que se han levantado de entre los muertos para morir otra vez. En esta ocasión lo harán por España y se ganarán su redención. Tipos alistados con nombre falso, con pasado criminal, carne de horca. Adictos a las drogas de venta común en farmacias de la época (cocaina, morfina, laudano...) prestos a cortar cabezas, rebañar cuellos y decirle al enemigo moro que pueden ser mucho más salvajes que ellos.


Primera jura de bandera de La Legión. Franco a la derecha de la imagen.

Franco comanda a esos legionarios con olor a patíbulo a lomos de un caballo blanco para distinguirse en combate donde no faltan suicidas cargas a la bayoneta montaña arriba, entradas a cuchillo y machete en las kabilas rifeñas y en general cualquier desagradable ocurrencia que una guerra cruel pudiera ofrecer. La Legión, merced a su efectividad, violencia y mística se convierte inmediatamente en una unidad de combate legendaria que deja impresionados incluso a los propios franceses creadores del concepto original. La fama de La Legión, originalmente llamada "Tercio de Extranjeros" recuperando el espíritu y las armas de los antiguos tercios españoles, llegó a ser tan grande...¡que en Francia hicieron una película en la que un grupo de franceses se alista en La Legión Española!

Millán Astray y Franco tienen a una tropa que se siente presta para la redención "los Novios de la Muerte", dispuesta a todo, bien abastecida, rápida para formar y desplegarse, apta para los rigores climáticos y geográficos del árido norte de África y sometida a una rigurosísima disciplina consistente en los más duros castigos y los más excesivos agasajos que puedan existir dentro del ejército.


Cabezas cortadas de combatientes moros

...y no tolera insubordinaciones; un legionario que arroja comida a un oficial es fusilado a sus órdenes y sus compañeros obligados a desfilar delante de su cadaver. El escritor Arturo Barea, participante activo y destacado en la Guerra de Marruecos manifiesta en su obra "La forja de un rebelde" varias veces el terror que le inspiraron los legionarios desde el primer momento. ¿Conseguiría un cobarde pusilánime el respeto de estos hombres hechos al crimen, la delincuencia, el navajeo, portadores de cicatrices en cuerpos y almas? La respuesta es más que evidente. Los legionarios le seguirán a donde sea necesario sin titubear.

En esta época Franco se ganará incluso la adoración supersticiosa por parte del nativo; dicen que posee baraka, buena fortuna. Es cierto, le hieren varias veces y no muere. También ganará fama de hermético, disciplinadísimo, muy interesado por todos los conocimientos tácticos, estratégicos y técnicos de su profesión así como la de la motivación de los hombres, el abastecimiento y la logística.

Igualmente lleva una serie de anotaciones que se publicarán como libro bajo el título de Diario de una bandera. No es una narración brillante, sí cuenta las cosas con rigor, objetividad (no faltan episodios crueles como el disparo a una mora embarazada que provoca las risas de los legionarios) y una prosa cuidada. Franco no es un escritor de talento, sí es un buen relator de sucesos al estilo de aquellos militares que participaron en la Conquista de América como Bernal Díaz del Castillo.

Mostrando disciplina y autodisciplina, sabiendo dirigir a los hombres, siempre arrojado en combate y participando, liderando más bien, la liberación de Melilla asedidada por los moros que ya se encontraban en sus calles, posteriormente el Desembarco de Alhucemas entre otras acciones; Franco acaba por obtener un ascenso tras otro gracias a su méritos de guerra que le hace a ser nombrado el general más joven de Europa desde Napoleón hace un siglo antes

Es un error considerar cobarde, pusilánime, inútil o mediocre a alguien así dado que o se tiene una distorsionada imagen de los hechos por ceguera ideológica o animadversión personal, o el rasero por el cual se mide la valía, la valentía y la excelencia es desmesuradamente alto.

Y es un error por partida doble en el que incurren sus detractores siempre prestos a desechar cualquier atisbo de razón o argumentación; si de veras fuese eso, todos sus enemigos serían algo más bajo. No se puede menospreciar a Francisco Franco bajo esas acusaciones cuando es demasiado fácil contrastar su valor personal con la cobardía exhibida por los mandatarios republicanos que mientras pedían heróicos sacrificios a su pueblo, ellos se exiliaban en México o París.

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