domingo, 3 de mayo de 2015

No es país para jóvenes.

Hombre, heterosexual, español y menor de 25 años. Este perfil antaño era el que, con un ímpetu vital desbordante, ha movido la sociedad desde tiempos inmemoriales. Participó en un sinfín de guerras, revoluciones y gestas, fundó ciudades y asentamientos a lo largo del mundo, cogió la pluma, el martillo, el arado o la espada dependiendo de la ocasión. Pero si algo tuvo en común, en todas sus generaciones, es que se caracterizaba por nunca agachar la cabeza.

Hoy, estos tiempos quedan atrás. El perfil que antes tenía una personalidad arrolladora, hoy se muestra cabizbajo y amariconado. El que antaño era admirado y respetado, hoy se encuentra menospreciado y discriminado. ¿Por qué ha pasado esto y en qué se refleja? A lo largo de este artículo voy a hablar, en primera persona y miembro de este colectivo, de nuestra situación.


La generación de la transición al globalismo

Nuestra generación se diferencia de las anteriores en que nos ha pillado de lleno en un cambio demográfico, cultural, étnico y tecnológico sin parangón en al menos una decena de miles de años. Nacimos y crecimos en los últimos coletazos del mundo antiguo, del terruño, en transición al nuevo, globalizado. Para preparar esto, se nos ha educado desde pequeños para despreciar y renegar el antiguo, y apreciar y abrazar el nuevo, lo que significa que hemos sido educados para odiar a nuestra propia esencia, es decir, a nosotros mismos.

Así, todo lo relacionado con la España antigua automáticamente se descarta por casposo, carca o facha. La historia de España se presenta como una sucesión de oscurantismo y paletismo, con el único paréntesis de la II República, hasta la llegada de la democracia en el 78. Y mitos fundacionales como el de la Reconquista se muestran como una rebelión y genocidio cometida por unos bárbaros cristianos norteños contra la avanzada y tolerante Ál Andalus. Partes fundamentales de nuestra historia como el descubrimiento y conquista de América se presentan como un genocidio indígena, y el Siglo de Oro como una época de oscurantismo. Genios españoles de diferentes ámbitos (ciencia, tecnología, militar, filosofía, exploración, etc) languidecen en el olvido, sin nadie que los recuerde. Nuestro pasado se enseña con el objetivo que nos avergoncemos de él. Lo mismo ocurre con los sentimientos colectivos que transcienden al individuo, como el de patria y de territorio. España pasa a ser un ente discutido y discutible como decía Zapatero, vaciado de contenido real. Cualquiera puede ser español, porque no existe tal cosa como una etnia hispánica al ser un país históricamente muy mestizado, y oponerse a la inmigración masiva es una aberración fascista pues ningún ser humano es ilegal, todos somos hermanos y ciudadanos del mundo.

En otro país, el fin de la Reconquista sería una festividad celebrada por todo lo alto, a la altura de las celebraciones por el Día de la Victoria en Rusia, pero aquí es una festividad boicoteada sistemáticamente y cada vez más políticamente incorrecta (arriba). A la vez se alzan estatuas a Almanzor (abajo), caudillo musulmán conocido por sus campañas de terror contra los reinos cristianos, que tienen tanto sentido como una estatua de Hitler en Rusia.

A la vez que se criminaliza lo anterior, se promueven nuevos valores, mitos, culturas y formas de sociedad extrañas que las reemplacen. La tolerancia se instaura como valor supremo y llega al extremo de tolerar lo intolerable y la igualdad, otro de esos valores, lleva a la discriminación (positiva). El mito fundacional pasa a ser la proclamación de la Constitución de 1978. La cultura y la sociedad se convierte en un calco de lo peor que sale de EEUU, con reggaeton, swaggers, hipsters, comida basura y multiculturalidad. Esta fase de globalización cada vez está más asentada, especialmente en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, que se podrían considerar ciudades cosmopolitas sin una identidad real, y que arquitectura aparte, no se diferencian mucho de otras megaurbes como Berlín, París o Londres.


Y así tenemos que muchos chavales españoles de hoy en día viajan a otros países, y se confunden plenamente con los naturales de la zona. Tienen sus mismos gustos, las mismas aficiones, vestimentas y actitud ante la vida. También carecen del conocimiento de sus respectivas tradiciones y del más mínimo arraigo para con los suyos. Todo embutido dentro de una mentalidad donde no hay verdades ni mentiras y todo está bien (y por lo tanto, nada lo está al mismo tiempo) Una situación donde la variedad cultural y de tradiciones, que es el más rico patrimonio de la humanidad, ha sido aniquilada.

Lo que no sabes del Erasmus


Este programa de la UE, bajo una cubierta inmejorable de ofrecer la oportunidad estudiar en universidades más prestigiosas, aprender idiomas, conocer culturas, juergas y folleteo, en realidad esconde unos objetivos perniciosos para nosotros.

Por un lado, sirve para sentar la Europa de dos velocidades. Fomenta que los capacitados se queden en los países en los que hicieron el erasmus (si son países económicamente fuertes) aumentando así el proceso de absorción de juventud desde los países de la Europa pobre a la rica. Esto se da en mayor medida entre las mujeres, que tienden a emigrar más y lo tienen más fácil para asentarse en el país de acogida. Si en los 80 los países más importantes de la UE se quedaron con nuestra industria más apetecible y obligaron a desmantelar la que les hacía competencia, ahora tratan de quedarse con nuestra juventud, especialmente la de mayor cualificación.

Y por otro, sirve como una medida más para crear una "identidad europea" (en realidad, cosmopolita) común, cargándose las diferencias culturales entre países para crear una masa globalizada, tal y como se ha explicado en el párrafo anterior. Las clases medias y altas de nacidos de 1980 en adelante en la UE, la llamada "generación erasmus", tienen en gran medida los mismos estilos y expectativas de vida, además de un mismo pensamiento basado en el integrismo democrático y la tolerancia de lo que no se puede tolerar. Esto va a tener una importancia capital, en tanto que la mayor parte de los estudiantes de erasmus lo son de letras, quienes serán los futuros creadores de opinión que llevarán dentro de sí y reproducirán esta ideología del cosmopolitanismo y de la ciudadanía mundial en los medios de comunicación y blogs.

Ingeniería social


Nuestra generación también se caracteriza por haber recibido la educación progresista más exacerbada. Prácticamente desde que tenemos uso de conciencia hemos asistido a Jornadas Multiculturales y charlas sobre feminismo,y visto el instituto o colegio empapelado de carteles llamando a denunciar casos de violencia de género, además de series y películas que bajo su apariencia inocente, pasando un buen rato y sin darnos cuenta nos han inoculado su mensaje. Hemos sufrido un sistema educativo castrante que reprimía la creatividad, las ganas de jugar y moverse a la vez criminalizaba todos los impulsos típicamente masculinos, orientado a niñas y no adaptado a niños o adolescentes, que nos ha educado en el pacifismo, la tolerancia y el auto-odio.

Así tenemos una generación de hombres amanerados, que no saben ni quieren defenderse, sin concepto de territorialidad ni de colectividad, a los que se les han inculcado cosas como que tienen un deber para el resto del (tercer) mundo y que son agresores machistas en potencia, sin nada que les ate a su tierra pues es del viento y no existen las fronteras en el mundo globalizado.

La aparición multicultural en la cadena trófica

 Este video fue subvencionado por el Ayuntamiento de Barcelona.

A lo anterior, jóvenes españoles castrados, se le une un número creciente de jóvenes de otras etnias a los que no se les dirige esta educación castrante y a los que en cierta manera se les permite actuar siguiendo sus impulsos e incluso se les encumbra como algo "molón". Su estética, su modo de vida y sus estilos de música característicos se promueven machaconamente en los medios de comunicación.

Ante un país de gente permisiva, educada en la tolerancia y sin instinto de territorialidad, estos "enriquecedores multiculturales" se crecen, actúan como los amos del lugar y se ríen de los españoles, desplazándolos de la calle, de la que hacen su feudo y donde les reciben con hostilidad, haciéndose fuertes en los institutos e incluso echándoles del mercado sexual ya que las chicas del lugar preferirán a los que perciben como dominantes y masculinos antes que a unos acomplejados y amanerados víctimas de la ingeniería social.

El país de la gerontocracia y los viejóvenes


España, como consecuencia de la bajada de la natalidad en las últimas décadas, es una población muy envejecida, en la que los menores de 25 somos un sector social minoritario. Esto, unido a la gran emigración juvenil a las grandes ciudades o al extranjero, hace que las ciudades medianas sin grandes universidades y pueblos queden vaciados de población joven. Viviendo en una ciudad mediana, noto esto en cosas como una oferta de ocio mayormente no dedicada a gente de mi sector demográfico y una menor cantidad de mujeres de edades parecidas a la mía (emigran más que los hombres), lo cual no hace más que fomentar incluso en mayor medida la emigración a lugares con más juventud. Esto es algo que cualquiera que viva en una ciudad de este tipo o pueblo puede comprobar a pie de calle, si es que no se ha fijado ya: la mayor parte de viandantes tiene más de 35 años en adelante. Este panorama es bastante deprimente, y tiene su máxima expresión en las ciudades de provincia y zonas rurales del interior de España, donde alcanza proporciones epidémicas.

Otra de las características de España es que, además de estar demográficamente envejecida, también lo está ideológicamente. No solo porque las generaciones criadas al calor de la ideología progre popularizada desde Mayo del 68 sean las mayoritarias, sino porque sus hijos y nietos piensan igual. Si nos fijamos en los partidos que más éxito tienen en la juventud, vemos que uno es un partido extremadamente progresista (Podemos) y el otro uno socialdemócrata (Ciudadanos), unas fuerzas políticas que también votan sus progenitores porque no hay una ruptura ideológica generacional, a diferencia de otros países de la UE donde la juventud vota diferente a lo que votan sus padres, mayormente a partidos anti-progresistas como el Frente Nacional en Francia. Es decir, ideológicamente se puede decir que somos un país de viejóvenes, pues mi sector poblacional no solo vota sino que se ilusiona con partidos de unas ideologías que tuvieron su auge en los años 70 y 80.

El niño rata


Este término aparecido en Los Simpson originalmente se ha popularizado para referirse a niños y adolescentes que juegan a videojuegos online insultando al resto con su particular voz aguda, pero creo que tambien podría usarse para referirse al perfil de joven del que he hablado en este artículo. Chavales inmaduros, desarraigados, feminizados y educados en los valores progresistas, distinguibles por su semblante compungido y cabizbajo, que se ven desplazados o abandonan el lugar donde deberían estar y se refugian en los videojuegos, las series y el porno en HD, no encontrando ningún trabajo estable o medianamente decente debido al altísimo desempleo juvenil español o siendo estudiantes perpetuos de posgrado, y apenas relacionándose con chicas. Estamos por tanto ante un proceso de marginalización social y de autismo provocado que guarda similitudes con el de los hikikomoris de Japón.

Estos niños rata no piden que se les deje buscar la vida en una economía de mercado, sino que exigen poder seguir parasitando en su mundo delirante de videojuegos, porno y flechipollas de videos de El Rubius. Desconocen las nociones más básicas de economía y creen que su modo de vida no tiene por qué sostenerse con su trabajo, sino con paguitas como una Renta Básica Universal, ya que piensan que el dinero brota del suelo como los hongos. En esto convergen con los hijos de inmigrantes, que en gran medida ya han crecido como receptores de subsidios y no se imaginan otra forma de ganarse de vida que con el parasitismo del erario público, complementado con el narqueo y el robo encumbrado como máxima aspiración de la estética "swag", muy en boga en los barrios de extranjeros de segundas y terceras generaciones y que tiene su máxima expresión (además de en EEUU, de donde procede) en la Francia de los banlieues, ahora importado a España.

Mis conclusiones



Un amigo me dijo "algo falla en el mundo cuando no quiero ser más joven y acierto‏", y no podía haber dado más en el clavo. Él vivió esta etapa de la vida a finales de los 90, cuando este segmento de edad era el mayoritario y no existía ninguno de estos problemas, probablemente entonces nadie se imaginaba que algo así iba a pasar apenas unos años más tarde.

Pero en esta época, teniendo la misma edad, el panorama es bien desolador. Al alto paro juvenil y la dificultad para montar un negocio debido a los altos impuestos se le une un invierno demográfico en la mayor parte del país, junto a una ideología hegemónica que me considera culpable de todos los males del mundo y enemigo potencial, reflejándolo en la legislación y en la visión que la sociedad tiene de mí. No solamente siento que mi país no tiene nada que ofrecerme, sino que no quiere nada de lo que le puedo ofrecer. A veces incluso pienso (especialmente al ver programas como Callejeros o a los políticos hablando de movilidad exterior) que me quieren echar de aquí, que quieren que me vaya de una vez y deje el país a los que presuntamente venían a pagar mi pensión.

Sin embargo, no me voy a resignar. No va a ser fácil pero como Disidente nunca voy a aceptar formar parte de este rebaño. Esto tiene sus inconvenientes, pero también ventajas decisivas. Antes de la progretización social éramos un pueblo conocido a lo largo del mundo por su orgullo, su arrogancia, sus fuertes convicciones y su incorrectismo político. Un pueblo Disidente en un mundo de servidumbre que desde Tierra del Fuego a las estepas rusas nunca agachaba la cabeza, no se dejaba avasallar ni permitía afrenta alguna, y que llegó a dominarlo en gran parte. ¿Quien pensáis que lo va a hacer mejor en la vida (en cualquier ámbito), el que más se parezca a este español antiguo o el que más se parezca al español nuevo? Es el momento de escoger entre seguir siendo una generación de niños rata o ese español de antes.

Yo ya he elegido.

3 comentarios: