¿Todo odio es imputable? ¿Qué cantidad de odio comienza a ser delictiva?
¿El odio manifestado en lugares públicos es perseguible y en privado
no? ¿Cuándo cometo un delito en el que está involucrado el odio y cuándo
no? Todas las respuestas a estas preguntas son subjetivas
necesariamente, así que es esencial saber quiénes son los sujetos que
juzgan con su SUBJETIVIDAD. Esta característica de subjetividad
convierte a las leyes contra el discurso de odio en la vía perfecta para
perseguir a los disidentes ideológicos.
En realidad no se legisla contra el odio, sino que a los
disidentes se les imputa incitar el odio. Y aquí está la clave: los
comisarios políticos del Sistema establecen una relación de CAUSA-EFECTO
ENTRE ODIO Y VIOLENCIA. “Para evitar la violencia evitemos la
incitación al odio”, nos dicen. Pero no por casualidad siempre están
extremadamente hipersensibles ante cualquier manifestación de “odio” de
lo que ellos llaman la “extrema derecha”, mientras que manifestaciones
que claramente podrían considerarse de odio contra tradiciones y valores
considerados de “derechas” están a la orden del día, incluso en los
medios de comunicación de masas generalistas.
Por otro lado el Sistema teatraliza que existen unos grupos que
son VÍCTIMAS del discurso de odio y de su efecto la violencia.
Inmigrantes, homosexuales, mujeres y muy especialmente los “sufridores”
oficiales de la humanidad: los judíos. De modo que si uno o varios de
los integrantes de esos grupos favorecidos cometen un crimen contra un
varón blanco, será un simple crimen sin mayor importancia entre muchos
otros, y tampoco tendrá una consideración especial. Es más, es muy
probable que no se le dé publicidad, e incluso que se busque algún tipo
de justificación. Pero si el crimen lo comete un varón blanco contra uno
o varios de los miembros de los grupos favorecidos, se escudriñará
hasta el más mínimo detalle de su vida para poder ligarlo al odio;
adquiriendo entonces el crimen un ESTATUS ESPECIAL de odio racial,
homofobia o violencia machista o de género, porque la ideología de
género como parte integrante de la ideología oficial del sistema,
establece que existe un género bueno, las mujeres, y un género malo, los
hombres. Así nos encontramos que existe la violencia machista, pero no
la violencia feminista; que existe la violencia racista, pero siempre de
blancos hacia las demás razas y nunca al revés; o violencia homófoba,
mientras que si es al revés nunca se atribuye el crimen a la condición
homosexual del agresor.
Editorial: Ojeda; Idioma: español; Encuadernación:
rústicacosido; Formato: 12x18,5 cms.; 75 páginas; ISBN: 978-84-76330319;
Año ed. 2015; 1ª edición; Peso: 100gr.

El Sistema en el que vivimos se ha encargado en los países occidentales
de infantilizar la mente de la población; lo necesita y lo sabe, y lo
hace muy bien. ¿Qué le falta a un niño para poder desenvolverse con
éxito en la vida? El niño no tiene experiencia amplia, no tiene
recuerdos amplios, no tiene conocimientos amplios y no tiene, por tanto,
una capacidad de raciocinio suficiente para manejarse en el mundo con
garantías de supervivencia. Por decirlo de otro modo, es una mente que
está todavía “por hacer”. Estas carencias naturales de la edad le
limitan y al mismo tiempo le convierten en una “esponja” que absorbe
todo lo que le llega del mundo exterior. Es acrítico e impresionable, al
contrario que un adulto bien formado; opone mucha menos resistencia,
filtra menos —o absolutamente nada— lo que le llega del exterior; en
definitiva es fácilmente manipulable mediante palabras bonitas y
caprichos.
Para el Sistema tener una sociedad de “niños” es el estado
ideal. Han conseguido que los blancos hayan adoptado mayoritariamente el
destructivo izquierdismo como su ideología social. Hagamos ahora una
precisión, los amos del Sistema no tienen ideología, tienen NECESIDADES
para conseguir el dominio total de las poblaciones entre las que
habitan; las dos únicas ideologías permitidas por ellos para la
población son el izquierdismo y sus diversos derivados, y el liberalismo
y sus diversos derivados (siendo este último otra forma de izquierdismo
pero ultra capitalista en lo económico). Esas dos ideologías fueron
creadas a propósito para FAVORECER las necesidades de los amos del
Sistema, toda otra ideología o manera de pensar que esté en contra de
las necesidades de los amos está PERSEGUIDA.
Por definir muy brevemente las necesidades de los amos del
Sistema, vemos que son: la extinción de la raza blanca, a la que
consideran el único enemigo capaz de plantarles cara; el
internacionalismo, dado que las naciones soberanas y orgullosas son sus
enemigas mortales; el ateísmo o una síntesis religiosa “descafeinada”
para todos los demás; y el igualitarismo, también exclusivamente para
todos los demás. No por una extraña casualidad el izquierdismo —la única
ideología promocionada y permitida en lo social— es internacionalista y
ferozmente anti nacional; es anti religioso (especialmente anti
católico); es feminista, o sea, destructor de una sana relación de
complementariedad entre hombres y mujeres; es inmigracionista, favorable
a la invasión de los países occidentales por parte de personas del
tercer mundo; es pro mezcla racial, enfocado específicamente hacia la
desaparición de la raza blanca; es pro adopciones, siempre y cuando sean
de niños de otras razas (a los niños blancos no deseados hay que
abortarlos); es pro homosexualidad, para ahondar en el debilitamiento de
la raza blanca; es pro eutanasia, para quitarse de en medio a los
viejos en cuanto no sirvan para producir; es abortista y ya han
conseguido que los blancos se reproduzcan por debajo del nivel de
sustitución. Si los blancos se mezclan racialmente y los que, aunque se
reproduzcan con personas de su raza, tienen menos hijos que el nivel de
sustitución, vamos directos a la extinción de la raza blanca.
Como vemos el izquierdismo (y el liberalismo) no es más que un
desarrollo de las necesidades de los amos del Sistema para extinguir a
la raza blanca y convertir el mundo en una plantación global dominada
sin oposición por ellos. Es una visión mesiánica y genocida.
Editorial: Ojeda; Idioma: español; Encuadernación: rústica
cosido; Formato: 12x18,5 cms.; 71 páginas; ISBN: 978-84-7633-029-6; Año
ed. 2015; 1ª edición; Peso: 100gr.
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