sábado, 28 de febrero de 2015
El peligro del izquierdismo - Kaczynski.
Resumen traducido de La Sociedad Industrial y Su Futuro Nueva Edición.
La psicología del izquierdismo moderno
Casi todo el mundo estará de acuerdo en que vivimos en una sociedad profundamente trastornada. Una de las manifestaciones más extendidas de la locura del mundo actual es el izquierdismo, así que una discusión de la psicología del izquierdismo puede servir como introducción a la discusión de los problemas de la sociedad moderna en general.
El peligro del izquierdismo
Debido a su necesidad de rebelarse y de pertenecer a un movimiento, los izquierdistas u otras personas de tipos psicológicos similares a menudo se sienten atraídos por movimientos rebeldes o activistas cuyas metas y miembros no son izquierdistas inicialmente. La influencia ejercida por parte de estos tipos de tendencia izquierdista puede fácilmente transformar en izquierdista un movimiento inicialmente no izquierdista, de modo que las metas izquierdistas acaban sustituyendo o desfigurando las metas originales del movimiento. Para evitar que esto le suceda, un movimiento que ensalce la Naturaleza y se oponga a la tecnología debe tomar una postura resueltamente antiizquierdista y debe evitar toda colaboración con izquierdistas. El izquierdismo resulta incompatible a largo plazo con la Naturaleza salvaje, con la libertad humana y con la eliminación de la tecnología moderna.
El izquierdismo es una tendencia totalitaria. Siempre que el izquierdismo alcanza una posición de poder, tiende a invadir hasta el último rincón privado y a hacer que todo pensamiento quede encerrado dentro de los moldes izquierdistas.
La sociedad industrial y su futuro, 2011, Ediciones Isumatag
La Sociedad Industrial y su Futuro : Manifiesto de FC (Unabomber)
12. Aquellos que son más delicados sobre la terminología «políticamente correcta» no son los negros medios habitantes del gueto, inmigrantes asiáticos, mujeres maltratadas o personas imposibilitadas, sino una minoría de activistas, muchos de los cuales no pertenecen a ningún grupo «oprimido», sino que provienen de estratos sociales privilegiados. La corrección política tiene su mayor arraigo entre los profesores de universidad, los cuales tienen empleo seguro con salarios confortables y, la mayoría de ellos, son varones blancos heterosexuales de familias de clase media.
13. Muchos izquierdistas tienen una intensa identificación con los problemas de grupos que tienen una imagen de débiles (mujeres), derrotados (indios americanos), repelentes (homosexuales), o por lo que sea inferiores. Nunca admitirán en su fuero interno que tienen tales sentimientos, pero es precisamente por su visión de estos grupos como inferiores por lo que se identifican con sus problemas. (No sugerimos que las mujeres, los indios, etc., SON inferiores; sólo estamos haciendo un apunte sobre la psicología izquierdista).
14. Las feministas están ansiosamente desesperadas por demostrar que las mujeres son tan fuertes y tan capaces como los hombres. Ellas están claramente machacadas por el miedo de que las mujeres puedan NO ser tan fuertes y capaces como los hombres.
15. Los izquierdistas odian todo lo que tenga una imagen de ser fuerte, bueno y exitoso. Ellos odian América, odian la civilización occidental, odian a los varones blancos, odian la racionalidad. Las razones que dan para odiar occidente, etc. claramente no coinciden con sus motivos reales. DICEN que odian occidente porque es guerrero, imperialista, sexista, etnocéntrico, pero cuando las mismas faltas aparecen en países socialistas o culturas primitivas, encuentran excusas para ellos o, como mucho, lo admiten REFUNFUÑANDO, mientras que señalan (y muchas veces exagerando en exceso) estas faltas cuando aparecen en civilizaciones occidentales. Así, está claro que estas faltas no son los motivos reales para odiar América y occidente: odian América y occidente porque son fuertes y exitosos.
16. Palabras como «autoconfianza», «seguridad en uno mismo», «iniciativa», «empresa», «optimismo», etc. juegan un papel muy pequeño en el vocabulario liberal e izquierdista. El izquierdismo es antiindividualista, es procolectivista. Quieren a la sociedad para resolver las necesidades de todo el mundo por ellos, para cuidar de ellos. No es la clase de personas que tienen un sentido interior de confianza en sus propias habilidades para resolver sus propios problemas y satisfacer sus propias necesidades. El izquierdista es antagonista al concepto de competición porque, interiormente, se siente como un perdedor.
17. Las formas de arte que apelan a los intelectuales del izquierdismo moderno tienden a enfocarse en la sordidez, la derrota y la desesperación o, por otro lado, toman un tono orgiástico, renunciando al control racional, como si no hubiera esperanza de lograr nada a través del cálculo racional y todo lo que ha quedado fuera el sumergirse en la sensación del momento.
La Sociedad Industrial y su Futuro : Manifiesto de FC (Unabomber)
jueves, 26 de febrero de 2015
ECCLESIA versus IMPERIVM —Templo contra Palacio, o Papa contra César.
Méchant moine, tu m'as tué!
("Malvado monje, ¡me has matado!").
(Enrique III, rey
de Francia, al ser apuñalado por el fraile dominico Jacques Clément).
La historiografía indigenista suele dar la idea de una conquista con un frente
hispanizador homogéneo y sin fisuras: una etnia europea mala que se impone a
una etnia indígena buena. También se tiende a pensar que el clero
formaba parte
integral de esta insólita maquinaria colonizadora, donde la Iglesia
católica y
el Estado español cooperaban y conspiraban en contra de los
desprecavidos
indios para mejor sojuzgarlos. La realidad, sin embargo, fue otra, mucho
más compleja.
Proponer una teoría de la conspiración según la cual la Iglesia estuvo
detrás de la independencia de Hispanoamérica es ir demasiado lejos, y es
necesario reconocer que muchos misioneros fueron hombres francamente
valientes
e idealistas, así como que la religiosidad estaba profundamente
implantada en
la psique de cualquier español y que muchos miembros del clero fueron
prohispánicos, pero lo que sí resulta claro es que la Iglesia no fue una
institución monolítica en su lealtad a España, ni impermeable a todo
tipo de
infiltraciones extranjeras. ¿Podía la Iglesia misma ser considerada una
potencia extranjera? La monarquía hispánica lo tenía claro, como veremos
enseguida.
Forma parte de la conducta de la Santa
Sede el multiplicar los naipes de su baraja para tener más posibilidades de
supervivencia en caso de que cambie el viento de la Historia: tener facciones
tanto ilustradas como regalistas, papistas, criollas, indígenas, hispanistas,
etc., ayudaba a Roma en su estrategia, que tenía muy poco de idealista y
mucho de frío pragmatismo adaptativo. Se trataba de diversificar las apuestas y
tener siempre un as en la manga. Y si los curas habían podido ser muy efectivos
levantando los ánimos españoles contra Napoleón, ¿por qué no podrían ser
igualmente efectivos contra los enemigos de la Iglesia al otro lado del charco? De
hecho, algunos de los personajes que veremos más abajo habían participado en la
Guerra de Independencia española, no por fervor patriótico (ya que traicionaron
a España en tiempo récord), sino más bien en defensa de los intereses del
Vaticano. Es una época en la que conviene promover la figura del cura-insurgente,
al estilo de los mulás y ayatolás de hoy en día, aprovechando el púlpito, la
impunidad religiosa, el asilo en sagrado y la plataforma de apoyo y visibilidad de la que disponían para
cumplir los siempre nebulosos designios de la Santa Sede.
Y es que la Iglesia era
un organismo
aparte, que tenía también su propia realidad y veía la hispanización de
una
forma muy distinta a como la veían los conquistadores. Por un lado, a
los
organismos globalistas (y la Iglesia es uno de los primeros organismos
globalistas de la Historia) siempre les ha interesado la proliferación
del
tercermundismo y de los bajos fondos, porque los pueblos tercermundistas
son
más fáciles de comprar y de infiltrar. Los indígenas, desarraigados,
descabezados
de sus líderes tradicionales, aun confusos y traumatizados por el choque
cultural, con sus mejores y más bravos hombres muertos en combate contra
el
español y sus mujeres a menudo en manos del invasor, eran carne de cañón
para
la maquinaria reclutadora del "Vaticano, SA", que siempre se ha
nutrido de la pobreza, la miseria, la desesperación y la incultura. La
Santa
Sede era una multinacional en busca de mano de obra barata… en este
caso,
creyentes baratos. Y la clave nos la da —quién si no— el ya mencionado
leyendanegrista
hispanófobo fray Bartolomé de las Casas, cuando describe a los indios
como
"los más simples", "obedientísimos", "delicados, flacos
y tiernos", "ovejas mansas" y añade que comen muy frugalmente.
Interesantes cualidades para una transnacional pulpoide, deseosa de
convertirse en la
principal beneficiaria del dumping social y la mano de obra en América.
Por el
contrario, los españoles son descritos por el cínico y astuto fraile
como
"lobos y tigres y leones crudelísimos de muchos más días
hambrientos", contrastando su ánimo conquistador, sindicalista,
conspirador, orgulloso, plusultrista, desafiante, vengativo y sediento
de oro con la plácida mansedumbre india. No dejaba de tener gracia que
el religioso omitiese que había infinidad de tribus indias
extremadamente belicosas, violentas y hostiles.
Por otro lado, los cardenales y obispos
de Roma debían ver con inquietud el auge del poder socioeconómico de una nueva
casta española basada en la propiedad privada al margen de la Iglesia y de la
Corona. La Iglesia quería ser ella la principal encomendera de América, pero,
claro está, sin calzarse el morrión y sin empuñar la alabarda, la espada, el
arcabuz, la ballesta o el arado. El caso es que detrás de los conquistadores
llegó toda una retaguardia de burócratas eclesiásticos, frailes y curas
sevillanos, vascos y/o jesuitas, que coaccionaron totalmente la espontaneidad
conquistadora natural de los españoles, de tal modo que el clero se adjudicó
aquello que (salvo excepciones, como algunas reducciones jesuíticas) no había
conquistado. Con el tiempo, los criollos les cogerán manía a los peninsulares
en general, viendo a los gachupines o chapetones como advenedizos inexperimentados
que, a pesar de no haberse molestado en comprender América, se permitían
adjudicarse sus frutos. Los criollos no diferían mucho de los afrikáners, los pied noirs europeos en Argelia y otras
vanguardias colonizadoras que se sentían incomprendidas por la metrópoli.
Encomendero español
maltratando a un indio. La ilustración procede del Códice Kinsborough,
mandado
compilar por un lord inglés en el Siglo XIX a partir del Códice Mendoza
del
Siglo XVI —elaborado a su vez por una colaboración entre frailes
españoles y escribas de la nobleza azteca. En su día, el virrey de Nueva
España mandó este códice a
Carlos I, teóricamente para informarle sobre los mexicas (aztecas), y en
la
práctica para predisponerlo a favor de los indios y en contra de los
encomenderos.
Las personalidades
eclesiásticas vinculadas a América se dedicaron a inquietar al rey con la
posibilidad de que las ambiciones de los encomenderos hiciesen sombra al poder
de la Corona y de sus virreyes, para que el Estado recortase todo lo posible el
poder de los criollos, a fin de que los eclesiásticos pudiesen ascender —gratis
y sin trabajo— en la escala de la sociedad colonial, y ser ellos los
encargados de administrar aquellas masas de indios. La Iglesia necesitaba una
reforma agraria, una expropiación, que pusiese en sus manos todas las tierras
monopolizadas por los criollos. Éste, y no el humanitario, es el verdadero
motivo de las Nuevas Leyes y otras disposiciones similares: que tanto la
Iglesia como la Corona estaban preocupadas de que surgiese lejos de Europa una
casta dirigente étnicamente española, demasiado poderosa y con sus propios
intereses regionales al margen de lo dictado desde el Vaticano, Toledo y
después Madrid.
El Vaticano, como Venecia, prefería las ciudades-estado, no las naciones-estado. Tanto Roma como Venecia habían sido enemigas de las concentraciones nacionales e imperiales en suelo europeo
desde el Bajo Imperio Romano, manteniendo Italia balcanizada, enfrentándose al
Sacro Imperio y maniobrando diplomáticamente para evitar la aparición de
grandes Estados. Tras Italia y Alemania, España será víctima de esta
misma política; al parecer, el Papado nunca perdonó que una combinación de
tropas españolas y alemanas saquease Roma en 1527. El descuartizamiento tanto
del Imperio Español como del Sacro Imperio los dividían en unidades mucho más
manejables para los mandarines de Roma, que, igual que los venecianos,
preferían vérselas con reyezuelos, príncipes y un mapa dividido que
proporcionaba un caldo de cultivo perfecto para la intriga, antes que con
emperadores y un mapa y un sistema unificados y cerrados.
Gracias a las
órdenes monásticas y al clero en general, la Iglesia poseía gran cantidad de
individuos totalmente sacrificados, adoctrinados, disciplinados, jerarquizados,
estériles y célibes (por ende capaces de consagrar sus energías a otras
tareas), académicamente formados, organizados, acostumbrados al trabajo de
papeleo, obedientes, austeros (baratos) y dispuestos a ser enviados a la otra
punta del planeta si así se les ordenaba. El hecho de que no trabajasen, ni
comerciasen, ni guerreasen, les permitía dedicarse íntegramente a labores
especulativas. La Iglesia acaparaba su talento y lo organizaba, estructuraba y
explotaba, pero no permitía que se reprodujese. El potencial de diplomacia,
espionaje, cultura e intriga de todo este aparato multinacional —cuyo
comportamiento era equiparable al de una sociedad secreta, una secta, una ONG y
un servicio de Inteligencia— era formidable. Varios elementos eclesiásticos
resuenan en la historia de Hispanoamérica: frailes dominicos, sacerdotes sevillanos
y vascos, misioneros jesuitas… En lo que a órdenes se refiere, los mercedarios
y franciscanos desembarcaron en 1493, los dominicos a partir de 1508, agustinos
1533, jesuitas 1566, capuchinos 1646…
Otro asunto que Roma no le perdonaba a
España fue que los reyes españoles jamás le permitieran al Vaticano mandar a un
nuncio papal (miembro del alto clero, generalmente arzobispo, que ejerce de
embajador de la Santa Sede) a las Américas para monitorizar más estrechamente
la evangelización de los indios. Ya Fernando el Católico le negó al papa
Alejandro VI la posibilidad de establecer un nuncio en las Antillas, y trabajó
incansablemente para asegurar que sus sucesores en el trono controlasen la
estructura organizativa de la Iglesia en Ultramar. Carlos I logró que toda
súplica de los obispos al Papa fuera remitida antes a la Corona, y en 1543
hasta lanzó una real cédula prohibiendo toda "injerencia extranjera"
en América, dejando caer, en un revelador guiño, que el Vaticano era
considerado una potencia extranjera. Felipe II le negó a Pío V su nunciatura de
Indias en 1568 (mismo año de la Junta Magna y las Instrucciones de Toledo, en
las que proyecta controlar más a la Iglesia) [17] y de nuevo en 1579, Felipe IV a Urbano VIII en 1629. En 1615,
un indio de Perú, Felipe Guamán Poma de Ayala, evidentemente teledirigido por
el clero, le proponía a Felipe III varias medidas eclesiásticas, entre ellas el
establecimiento de un clero indio y —cómo no— el envío de un nuncio
apostólico del Papa.
La persistente negativa de tantos
reyes, de dos dinastías distintas, se debe probablemente a que las embajadas
siempre han sido centros de espionaje y subversión y que, en lo que a estos
asuntos se refiere, la Iglesia jugaba en otra liga. Los reyes ya tenían
bastante con la nunciatura permanente de la Santa Sede en Madrid —a la que no
se le permitía entrometerse en los "asuntos americanos". ¿Para qué
quería el Vaticano más nuncios en Ultramar si aquellas posesiones pertenecían a
un Estado donde ya tenía nunciatura? ¿Pretendía el Vaticano balcanizar el
Imperio Español, como había hecho con Italia y con Alemania?
Portugal tampoco dio su
brazo a torcer nunca.
Las fronteras del vasto Brasil pudieron expandirse mucho más allá de las
marcadas por el Tratado de Tordesillas gracias a la iniciativa de los
bandeirantes, tenaces conquistadores paramilitares que habían encontrado
un porfiado enemigo en las profundidades del continente: la
Compañía de Jesús. Lejos de cualquier poder externo, los jesuitas habían
armado a los indios guaraníes de las
reducciones (misiones) y los habían entrenado militarmente para resistir
la
expansión portuguesa. Los jesuitas tenían buen motivo para combatir en
defensa de
aquellas zonas, ya que habían establecido verdaderos complejos
agroindustriales
y hasta minerales, como las minas de Paramillos de Uspallata (actual
Argentina), ricas en plata, plomo y zinc.
El caso es que, con estos precedentes
de por medio, la Santa Sede tardará mucho en obtener la golosina de su primera nunciatura papal en Iberoamérica. El
nuncio en cuestión, Pietro Ostini, se hará cargo de su puesto en Río de Janeiro. La fecha es tremendamente
tardía: 1830, cuando Brasil ya se había desligado de Lisboa. Seis años después,
también independizadas las repúblicas hispanoamericanas, el Vaticano
logrará al fin colocar en Bogotá a un internuncio (que no nuncio) para toda Hispanoamérica, el
obispo Cayetano Baluffi. Los sucesivos avances de Roma en el Nuevo Mundo serán
apoyados por grupos ultramontanos, capitaneados por antiguos cabecillas
separatistas que velarán también por la restauración de los jesuitas. La Santa
Sede conseguirá, por ejemplo, establecer un arzobispado en Buenos Aires en
1866, y un obispado en Montevideo en 1878. En ambos casos, un filojesuita será el máximo responsable.
Otro efecto de las emancipaciones
hispanoamericanas fue la supresión de las cofradías religiosas y
"guachivales" indígenas, donde el barniz cristiano, aplicado por
curas indolentes y de moral cuestionable, apenas si alcanzaba a tapar los
rituales y el imaginario colectivo precristianos locales. La brujería, el
chamanismo, la escasez de ropa, las referencias a santos y héroes paganos, las
juergas, las danzas, la "indecencia", el aguardiente y otras bebidas
populares a raudales, incomodaban a la Iglesia. El Vaticano llevaba queriendo
suprimir estas cofradías desde, como poco, la publicación de "Descripción geográfico-moral de la
diócesis de Goathemala" (1774) por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz,
pero el objetivo será alcanzado por los procesos desamortizadores y de
concentración de tierras de las revoluciones liberales, alcanzando así una
mayor cristianización de las comunidades indígenas [18]. El Antiguo Régimen llegaba a su fin, sí, pero no sólo el
traído por los españoles, sino también el antiguo régimen indígena. Borrando
las señas de identidad de ambos pueblos, se podía producir más fácilmente el
mestizaje necesario [19] para
globalizar Hispanoamérica. Si bien había fuerzas a las que les interesaba
mantener a los indios en su identidad étnica para favorecer la separación
racial y establecer un sistema de castas orientado a su explotación laboral
(las cofradías no inquietaban a los encomenderos, que las controlaban a través
de los caciques), otras fuerzas buscaban igualar a los indios con los blancos
para explotarlos a todos por igual…
En un minucioso
viaje por la diócesis de Guatemala, el arzobispo Cortés y Larraz
resolvió que
la causa de la "indecencia" de los indios fuera de misa se hallaba en
las cofradías religiosas y guachivales, donde subsistía la idiosincrasia
de los
tiempos paganos. Solución: suprimirlas —eso sí, con cuidado— para mejor
integrar a los indios en la sociedad moderna. Su sueño será cumplido
después de la independencia. La otra queja era la pervivencia
del sistema de explotación económica que, burlando las Leyes de Indias,
tendía
a trazar una línea entre los criollos blancos y la población local,
frustrando
la posibilidad de un rebaño igualitario sometido a Roma.
A la inversa, la
Iglesia, perspicaz
como de costumbre, nunca accedió a la creación de un Patriarcado de las
Indias
Occidentales, sin duda recordando los problemas que le había causado el
Patriarcado
de Constantinopla cinco siglos atrás, cuando el Cisma de Oriente lo
convirtió
en una nueva iglesia separada de la romana. Fernando el Católico había
solicitado el Patriarcado de Indias Occidentales en 1513, pero el
Vaticano no
cedió. En 1524, Clemente VII accederá a hacer un paripé para Carlos I.
Nombrará
al arzobispo de Granada como Patriarca de Indias, pero con claras
restricciones
que le impedían ejercer de tal: el presunto patriarca no tenía
jurisdicción en el Nuevo Mundo, no podía cruzar el Atlántico so pena de
excomunión, no tenía sujetos dependientes en América, ni tierras, ni
podía
percibir rentas procedentes de Ultramar, y su sede debía permanecer en
Granada. Se trataba un pseudo patriarcado, de papel-cartón. Con ello,
Roma conseguía frustrar otro nuevo
proyecto de Iglesia Hispánica, evitando que los reyes españoles
convirtiesen al
patriarca de Indias en un vicario de toda la iglesia americana, a través
del
cual Madrid acentuaría la independencia del clero americano y tendría
bajo su
autoridad a toda la estructura eclesiástica del Nuevo Mundo, sin tener
que
contar con Roma salvo para los asuntos de fe (doctrinales,
filosóficos e ideológicos).
Si bien aquella breva no cayó, donde sí
se salió España con la suya fue con la creación de la primera sede episcopal
del Nuevo Mundo: la arquidiócesis de Santo Domingo (1511), en tiempos de Carlos
I. Esto desvinculaba a la iglesia indiana de la archidiócesis de Sevilla, donde
la influencia romana era fuerte.
En la creación de sucesivas arquidiócesis, los reyes siguieron sus propios criterios sin contar con Roma, de modo que la estructura eclesiástica pudo engranarse, integrarse y —allá donde se consideró oportuno— subordinarse, a las estructuras militares, administrativas y económicas. Del mismo modo, la labor misionera de la Iglesia en América estuvo en buena medida supervisada y monitorizada por el Consejo de Indias (que formaba parte de la corte del rey), por el que debían pasar todas las disposiciones del Vaticano a América y viceversa. Lectura implícita: España estaba poniendo demasiados peros al poder de la Iglesia allende los mares, España quería ser ella quien utilizase a la Iglesia, no viceversa…
En la creación de sucesivas arquidiócesis, los reyes siguieron sus propios criterios sin contar con Roma, de modo que la estructura eclesiástica pudo engranarse, integrarse y —allá donde se consideró oportuno— subordinarse, a las estructuras militares, administrativas y económicas. Del mismo modo, la labor misionera de la Iglesia en América estuvo en buena medida supervisada y monitorizada por el Consejo de Indias (que formaba parte de la corte del rey), por el que debían pasar todas las disposiciones del Vaticano a América y viceversa. Lectura implícita: España estaba poniendo demasiados peros al poder de la Iglesia allende los mares, España quería ser ella quien utilizase a la Iglesia, no viceversa…
El Siglo XVIII es una
época todavía peligrosa
para Gran Bretaña. Aunque Holanda ha sido arrinconada como rival, España
todavía gobierna un vasto imperio, Francia y España se encuentran
gobernadas por una misma dinastía, y a veces
cooperan en política exterior (será el caso de Norteamérica, donde tanto
España
como Francia apoyarán a los revolucionarios de George Washington). Desde
Madrid,
los Borbones, coincidiendo con una racha particularmente mala de
desencuentros
con el Vaticano, lucharon denodadamente contra "la doctrina jesuita
sobre
el origen de la autoridad". Felipe V, primer rey borbón, expulsó de
España
al nuncio papal en 1709, rompió relaciones con la Santa Sede y animó a
los
obispos españoles a independizarse de Roma. Probablemente estaban
alertados por
los casos de los pasados reyes franceses Enrique III (asesinado por un
fraile dominico en el Siglo XVI) y Enrique IV (asesinado por los
jesuitas en el Siglo XVII), ambos eliminados a
instancias del clero, que se oponía a la concentración del poder en
manos de un
estado nacional francés. Estos regicidios ideológicos habían sentado un
inquietante
precedente para los que se producirían en Inglaterra bajo Cromwell y de
nuevo
en Francia durante la revolución francesa. Los reyes españoles no tenían
ninguna intención de ser los siguientes en la macabra lista.
Carlos III, regalista
convencido y uno
de los mejores gobernantes que ha tenido España, comenzó su reinado
determinado
a recortar el poder del Vaticano en general y de los jesuitas en
particular, y
caldeó el ambiente promoviendo catecismos en los que se negaba la
infalibilidad
del Papa. En 1767, en buena parte debido al Motín de Esquilache
(promovido por los jesuitas el año anterior), Felipe V expulsó a la
Compañía de Jesús de sus dominios (incluyendo
América) y al año siguiente prohibió directamente la obra del jesuita
Francisco
Suárez, una de las piedras angulares de la Escuela de Salamanca, del
"derecho de gentes", la protección a los indios, el tiranicidio
ideológico y las teorías
escolásticas de soberanía popular claramente precursoras de la
revolución
francesa. Decía el jesuita que "La soberanía no reside en ningún hombre
en
particular, sino en la colectividad de hombres, o sea, en el pueblo. En
efecto,
todos los hombres nacen libres y ninguno posee naturalmente jurisdicción
política sobre otro". Con ello, aniquilaba toda noción de orden
jerárquico.
Las órdenes
religiosas constituían verdaderas multinacionales, a medio camino entre
los servicios de Inteligencia, las ONGs, los círculos de estudios
académicos, la banca y la gran empresa. El hecho de que existiesen
varias ayudaba a diversificar los naipes en la baraja de la Iglesia y
favorecía que compitiesen entre ellas para ser las favoritas de la Santa
Sede y así obtener el favor papal y más poder. De los jesuitas, dirá
Napoleón que se trata de una organización militar y no religiosa.
Primera fila: franciscanos (también capuchinos), mercedarios, dominicos, jesuitas (Compañía de Jesús).
Segunda fila: agustinos, San Juan de Dios, carmelitas.
Primera fila: franciscanos (también capuchinos), mercedarios, dominicos, jesuitas (Compañía de Jesús).
Segunda fila: agustinos, San Juan de Dios, carmelitas.
La monarquía hispánica había conseguido
obtener un alto grado de control sobre la Iglesia en Ultramar gracias al
Patronato Real, una institución de tiempos de Carlos I, en virtud de la cual
los reyes nombraban a los principales jerarcas del clero en América, percibían
los diezmos en vez de Roma, etc. A cambio, los clérigos debían limitarse a actuar
como correa de transmisión de la hispanización del continente, enseñar oficios
modernos a los indios y predicar la sumisión a Castilla. En época de las luchas
separatistas, esto determinó que el alto clero fuese razonablemente fiel a
Madrid (por ejemplo, a raíz de la insurgencia hispanófoba, no hubo obispo en la
diócesis de Buenos Aires durante 18 años), mientras que el bajo clero —pleno de
criollos desafectos, criptojesuitas y agitadores en contacto directo con las
masas indias, y generalmente más fieles a Roma que a Madrid— mezcló
en un extraño refrito las teorías francesas ilustradas con las jesuíticas para
justificar sus revoluciones. El "pacto social" de Tomás de Aquino se
confundió con el "contrato social" de Rousseau, mientras que el
"derecho de gentes" de Francisco Suárez se mezcló con la "Declaración
de Derechos del Hombre" predicada por los guillotinacuellos y
ensartacabezas de la Place de la Concorde. En parte era de esperar, ya que en
los dos últimos siglos, en las universidades americanas predominaban las
cátedras de Filosofía, Teología y Derecho (las ciencias sólo estarán
tímidamente representadas por Medicina y Matemáticas, y sólo en algunas
facultades), donde las doctrinas de la Escuela de Salamanca, los jesuitas y los
ilustrados franceses se amalgamaban por pura simpatía. En dichas universidades,
bajo la hegemonía cultural, académica e intelectual jesuítica, se formaba lo
más granado de la juventud criolla. Estando las facultades totalmente
controladas por el clero, sorprende que hubieran podido filtrarse ideas
ilustradas sin la aquiescencia de éste.
Cuando llegó el momento, el catolicismo
no fue ajeno a la "liberación" del continente. Las independencias
hispanoamericanas están trufadas de simbología religiosa, profesiones de fe
católica en las constituciones, banderas con imágenes de la Virgen, invocaciones
a tal o cual santo, procesiones tras la toma de las plazas, campanas repicando
tras batallas ganadas y catecismos hispanófobos y republicanos de aroma jesuítico.
Existen también ejemplos humanos muy claros de agentes eclesiásticos trabajando
para carcomer la arquitectura imperial de España en el Nuevo Mundo, la mayor parte de ellos educados en colegios jesuitas.
En la tierna fecha de 1797 ya tenemos
en Nueva España al monje franciscano Juan Ramírez de Arellano, resuelto
defensor de los indios, encarcelado por la Inquisición por llamar tiranos a
todos los reyes del mundo y declarar que los enciclopedistas franceses eran los
salvadores del "género humano", agregando que Voltaire era el Papa
del siglo —todo lo cual no le impedirá llegar a obispo de Guatemala. Tuvieron
su papel también los curas-revolucionarios José María Morelos, Mariano
Matamoros, José Guadalupe Salto, el fraile carmelita Gregorio de la Concepción y
Miguel Hidalgo y Costilla. Poco antes, se había publicado el "Itinerario para pueblos para párrocos
de indios" —un libreto jesuita en el que se explica que "los
clérigos pueden tomar las armas lícitamente cuando hay alguna grave necesidad
en utilidad grande de la república".
Ensalzar la igualdad y hablar de "nuestra santa
revolución" no salvó al cura Miguel Hidalgo de la ironía de ser
decapitado por un indígena tarahumara prohispano. También en México encontramos a Juan de Villeras, Luis
Herrera (ambos de la orden de San Juan de Dios y partícipes en la insurgencia
de San Luis Potosí) y al presbítero Juan Pastor Morales —profesor de seminario
conciliar que aprobó la decapitación de Luís XVI en Francia y animó a hacer lo
mismo con el Rey de España.
El caso del dominico
novohispano Servando
Teresa de Mier resalta mucho por su cariz indigenista y anglófilo. Este
fraile, pastor de indios, asimiló Quetzalcoatl a Santo Tomé y Tonantzin
con la Virgen
de Guadalupe. Con ello pretendía demostrar inverosímilmente que los
mexicas ya eran
cristianos antes de la hispanización, y reclutar seguidores entre las
masas
locales de indios. Después de jugar al gato y al ratón con las
autoridades
españolas y la Inquisición, el religioso abrió una academia de idiomas
en París
con Simón Rodríguez (profesor de Simón Bolívar). Tras haber convertido a
dos
rabinos judíos al catolicismo, fue hecho prelado del mismísimo Papa.
Durante la
Guerra de Independencia española, trabajará con el general británico
Blake y
participará en la Logia Lautaro, que ya tenía sedes en Cádiz, Londres y
Baltimore. En Londres, colaborará con la publicación "El español",
que apoyaba a las insurgencias hispanófobas. El padre Cuevas, en fin,
estimó en
6.000 los clérigos que participaron en la insurgencia antiespañola, de
un total
de 8.000 personal eclesiástico para todo México. El predominio tan
descarado de individuos étnicamente españoles en el movimiento
independentista mexicano llevó al historiador Ernest Gruening a escribir
que la independencia mexicana "resultó ser un negocio perfectamente
hispánico, entre europeos y gentes nacidas en América... una lucha
política dentro de la misma clase reinante".
Fray Servando Teresa de Mier.
En el ámbito rioplatense
(aproximadamente actuales Argentina, Paraguay, Uruguay y parte de
Bolivia), las Actas Capitulares de Buenos Aires fueron firmadas por 26
sacerdotes, entre otros. Encontramos aquí al cura Gregorio Funes, fray
José
Benito Monterroso, fray Cayetano José Rodríguez, de los franciscanos,
Pedro
Ignacio de Catro Barros, el dominicano Justo Santamaría de Oro (que
ayudó a
canalizar la correspondencia secreta de San Martín), Luís José de
Chorroarín y
Juan Ignacio Gorriti.
En el Virreinato de Perú (actuales
Perú-Chile) tampoco faltaron los curas hispanófobos, como Francisco Javier Luna
Pizarro, Camilo Henríquez (fan de la "ilustración universal" que
consideraba que los tres siglos del Imperio fueron "de infamia y de
llanto") o el fraile franciscano Antonio Orihuela, que había proclamado
"Borrad si es posible, del número de los vivientes a esos seres malvados
que se oponen a vuestra dicha, y levantad sobre sus ruinas un monumento eterno
a la igualdad". Frase que hubiera podido firmar el mismísimo Robespierre.
La Ilustración, el cinismo eclesiástico, el hedor jesuítico, el imperialismo británico, el comercio internacional y el
pseudocomunismo se mezclan a partes iguales.
En zona novogranadina (grosso modo
actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá) se destacaron el obispo José de
Cuero y Caicedo —ex alumno de los jesuitas—, Juan Fernández de Sotomayor,
Andrés María Rosillo (que llegó a ser encarcelado con otros 200 sacerdotes) y
el cura José Cortés Madariaga, que propuso la igualdad social absoluta, la
abolición de la esclavitud y la redistribución de tierras. En el acta de
independencia de Colombia del 20 de Julio de 1810, un tercio de los firmantes
fueron sacerdotes.
En zona salvadoreña, tenemos a los
sacerdotes José Matías Delgado y Nicolás Aguilar, primos hermanos que fueron
próceres de las Provincias Unidas del Centro de América, una entidad
territorial destinada a la yugoslavización. Con capital en Guatemala, este
engendro geopolítico se separó de la antigua Nueva España, abarcando todo lo
que hay entre las actuales México y Panamá. En Costa Rica, el sacerdote y
diputado Florencio de Castillo, una vez promulgada la constitución española de
1812, denunció el repartimiento de indios… por su incompatibilidad con los
principios liberales.
Puede que sea algo
arriesgado afirmar,
con Jorge Tadeo Lozano, que la yugoslavización del Imperio Español fue
una
"revolución clerical", pero lo que está claro es que el bajo clero
(menos sometido al Patronato pero también menos comprometedor para la
Santa
Sede) tuvo un papel estelar en el proceso, junto con la Masonería, las
oligarquías criollas y los intereses estratégicos y comerciales de los
rivales del Imperio Español.
El clero y la
balcanización de Hispanoamérica. La mayoría de estos hombres no tenían una gota
de sangre india.
Primera fila: Andrés
María Rosillo, Camilo Henríquez, Francisco Javier Luna Pizarro, Juan de
Mariana.
Segunda fila: José
Cuero y Caicedo, José Cortez de Madariaga, Juan Ignacio Gorriti, Justo
Santamaría de Oro.
Tercera fila: Juan
Ramírez de Arellano, Juan Fernández de Sotomayor, Mariano Matamoros, Miguel
Hidalgo.
[17] "El Tercer Concilio Limense y la aculturación de indígenas
sudamericanos" (Franceso Leonardo Lisi).
[18] "La cofradía indígena: reducto cultural de los mayas" (Flavio Rojas Lima).
[19] A principios del Siglo XVI, Nicolás de Ovando ya propuso el mestizaje como forma de hispanización. El primer presidente de Paraguay, José Gaspar Rodríguez de Francia, llegó a prohibir en 1814 los matrimonios entre españoles étnicos. Rómulo Gallegos, presidente de Venezuela, también consideraba que, para erradicar las identidades de mantuanos e indígenas, debían fomentarse los matrimonios mixtos. En el extremo opuesto, tenemos al dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo, empeñado en "blanquear" o "refinar" la "raza" del país. Para ello, fomentó la inmigración de judíos franceses, exiliados republicanos españoles, italianos, eurodescendientes de otros países iberoamericanos y hasta campesinos japoneses. Su objetivo era frenar la haitización de su país. Sus políticas antinegras culminaron con atrocidades como la Masacre del Perejil (1937).
EXTRACTO:
http://europasoberana.blogspot.com.es/2015/02/globalistan-construyendo-el.html
martes, 24 de febrero de 2015
Contra el victimismo hispanófobo y leyendanegrista.
Una máxima lógica reza
que deben
transcurrir al menos 80 años para que un acontecimiento histórico pueda
estudiarse con un mínimo de objetividad y sin pasiones subjetivas de por
medio. Ocurre sin embargo
que ciertos acontecimientos históricos involucran intereses tan
complejos e importantes que no
conviene a dichos intereses que alguien deshaga el nudo. En este
sentido, la
historiografía indigenista pseudobolivariana ha puesto su grano de arena
para
evitar a toda cosa, que el hispanoamericano moderno sea capaz algún día
de
estudiar su propia historia con el mismo desapasionamiento con el que un
español estudiaría las invasiones celtas de Iberia, la conquista de
Hispania por los romanos o la ocupación napoleónica. Contra la
historiografía de la mentira, el victimismo, el llanto
y el resentimiento, no cabe más que oponer la realidad fría y
descarnada.
• Los
españoles nos robaron el oro, por eso Hispanoamérica es pobre. La
riqueza
de las naciones no es el oro, sino, como reconocía Adam Smith, el
trabajo. El
esfuerzo. Lo demuestra el hecho de que, cuando el oro y la plata
saturaron el
circuito monetario europeo, se produjo una enorme inflación y la
consiguiente
devaluación monetaria, porque había aumentado la cantidad de dinero,
pero no la
cantidad de riqueza real. En cualquier caso, puesto que el oro español
fue
robado por los romanos primero y por los soviéticos después, aquellos
bolivarianos y/o indigenistas resentidos harían bien en pedir oro al
Vaticano y
a los gobiernos italiano y ruso. O a los mismos descendientes de los
incas, ya
que la aristocracia incaica expolió completamente los metales de las
zonas de
las tribus dominadas, en minas como Ccolque Porco y Andaccaba (Bolivia).
Y ya
que, en virtud del comercio mundial, la plata acabó fluyendo hacia donde
realmente estaba la riqueza (Italia, Flandes, el
Imperio Otomano, Persia, India y China), los bolivarianos estarían bien
aconsejados de pedirles la plata a los Estados herederos. También sería
buena idea reclamar plata a los británicos, chilenos y a los mismos
bolivianos, a cuento de las explotaciones argentíferas que la Compañía
Minera de Huanchaca de Bolivia, levantada con capitales de estos países,
mantuvo en las minas de Pulacayo y Oruro a finales del Siglo XIX.
En lo que se refiere a la plata, la cantidad extraída de América
desde la conquista española hasta la emancipación, fue de 80 mil toneladas, que
recorrían el largo camino desde minas como Potosí [31] y Oruro (Bolivia), Zacatecas, Guanajuato y San Luís de Potosí
(México) y Cerro de Yauricocha (Perú) hasta los mercados europeos. Ocurre que
la producción argentífera de México fue de 2,7 mil toneladas en el 2002. Es
decir, en un solo año, México produce más plata que todo el continente
americano en una década en tiempos del Imperio.
En cuanto al oro, en 2007, Perú tuvo una extracción industrial de 170 toneladas,
es decir, más que las 154 toneladas extraídas por España en todo el Siglo XVI.
En dos o tres años, Perú extrae oro de sobra como para superar el hueco dejado
por la explotación española. La producción aurífera anual de México equivale a
toda la plata que España extrajo durante la época del Imperio. Entre 1503 y 1660 llegaron a Sevilla 185 toneladas de oro y 16 mil toneladas de plata.
A esto añadamos que por ejemplo, de los
impuestos sobre la extracción de los metales, se daba a España sólo el 20% (el
Quinto Real) y que, de las riquezas novohispanas, llegaban a Cádiz un 30%
teórico, en la práctica menos (a menudo hasta la mitad de la plata que llegaba
en los barcos se quedaba sin registrar). El resto se dilapidaba en contrabandos
irregulares (a China o Filipinas) o se quedaba en Nueva España, que en la época
era una potencia económica de entidad internacional, con una fortaleza
monetaria tan irresistible que su moneda, el Real de a Ocho, era la principal
divisa comercial del mundo y circulaba desde Vietnam, China y Japón hasta las
naciones bálticas, Rusia, el Imperio Otomano y Persia.
Donde sí se le puede recriminar a los
conquistadores su conducta metalífera es en el saqueo de joyas y ornamentos de oro y plata
y su fundición para producir lingotes, bárbara destrucción de un patrimonio
artístico de un valor que estaba muy por encima del precio del metal en sí;
pero por desgracia la codicia y el saqueo de las
riquezas minerales de la Tierra están completamente a la orden del día en la
Historia.
El caso es que la aplicación del principio
demagógico de "devolvednos lo que os dimos", pero en sentido inverso,
nos aterrizaría en la posibilidad de que los indigenistas tuviesen que
devolvernos las catedrales, iglesias, universidades y cultura que trajeron y
levantaron los españoles. También tendrían que renunciar a su idioma, nombres y
apellidos, generalmente europeos, y volver a adoptar el modus vivendi que
tenían en época precolombina. Además de devolvernos los caballos, los cerdos,
las vacas y los toros, las ovejas, los plátanos, la caña de azúcar, varias
frutas cítricas, el trigo y otros cereales…
• La
conquista española triunfó gracias a las nuevas enfermedades que traían los
europeos, para las cuales los indios no estaban adaptados. También los
españoles tuvieron que vérselas con enfermedades tropicales desconocidas por
ellos y para las cuales no tenían anticuerpos. Las muertes por fiebres tropicales abundaron más que escasearon.
• Los
españoles fueron brutales en su conquista de América. Los españoles no
fueron más brutales con los indios de lo que los indios lo eran entre ellos
mismos en sus conflictos internos. Lo que los españoles hicieron con los
aztecas no fue más duro que lo que los aztecas habían hecho con los
tlaxcaltecas o los incas con los cañaris —del mismo modo que, en el Norte, lo que hicieron los Rangers de Texas con los
comanche no fue tan duro como lo que los comanche ya habían hecho con los apache,
los tonkawa y los mismos colonos europeos. Todos los protagonistas fueron brutales porque
vivieron una época brutal, que no puede juzgarse cómodamente a través del
prisma rosa del Siglo XXI. Dicho sea de paso, aquel era un tiempo donde no
era brutal quien quería, sino quien podía.
Es cierto que en aquella
época, las
posibilidades de control social eran mucho menores que las de ahora, por
lo
que, a pesar de la promulgación de leyes protegiendo a los indios, se
cometieron
abusos. No obstante, no tenemos noticias de que los españoles capturasen
a
cientos de miles de indios para llevarlos a lo alto de una pirámide
donde les
sacaban el corazón, los despeñaban por las escaleras y luego se los
comían,
como hacía la aristocracia azteca. Tampoco tenemos noticias de que los
españoles enterrasen vivas sistemáticamente a todas las primogénitas
recién nacidas, como hacen ciertas tribus del Amazonas. Y la situación
del
encomendado indio no era mucho más dura que la del campesino europeo
feudal, ni era mucho más déspota
el español para con sus siervos indios que lo que lo habían sido las
realezas inca o azteca.
Aquella imagen de los
conquistadores
internándose en la selva para llevar a cabo un genocidio de indios, debe
ser
desterrada. Incluso campañas posteriores a la emancipación, como la
argentina conquista del desierto, deben ser puestas bajo la lupa, ya que
en este caso,
los indios de las pampas (mapuche y tehuelches) llevaban a cabo
incursiones a
cientos de kilómetros de sus territorios para atacar los poblados de los
colonos, donde mataban, saqueaban y robaban cientos de miles de cabezas
de
ganado, llegando a incendiar pueblos de la provincia de Buenos Aires. En
este
contexto, las campañas militares del presidente Rosas y del general Roca
no se
diferencian demasiado de las del general Custer en Estados Unidos,
protegiendo
las caravanas de los colonos contra las atrocidades de los indios. Lo
que sí puede
considerarse como un genocidio premeditado es el llevado a cabo por
Julius
Popper y otros cazadores de origen judío y anglo, que recibían una
cantidad de
dinero por cada par de orejas, testículos o cabeza de indio, en sus
fechorías
contra los ona (o selknam) de Tierra del Fuego. Incluso este genocidio
tuvo
lugar décadas después de la independencia de Argentina y muchos de sus
principales culpables ni siquiera tenían apellidos españoles. Es el caso
de
Mauricio Braun, Peter H. McClelland, Rodolfo Stubenrauch, Alexander A.
Cameron
y otros directivos de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, por
no
mencionar al mismo Popper, judío étnico procedente del Imperio Otomano.
También se podría mencionar la limpieza étnica de indios yaquis en
Sonora (México) a principios del Siglo XX, para poder vender sus ricas
tierras a los mejores postores, que resultaron ser capitalistas
estadounidenses.
• La
conquista española triunfó sólo gracias a las armas de fuego y el acero que traían
los europeos. Lo primero, la tecnología no es un regalo del cielo;
los
europeos tuvimos que crearla antes de poder usarla. Cualquiera podía
apretar un gatillo, pero hizo falta un genio europeo para inventar el
arcabuz. Por ende, la superioridad
tecnológica también hubo que conquistarla y también fue fruto del
esfuerzo y el
ingenio de los europeos.
Lo segundo, buena parte de la
superioridad tecnológica de los españoles quedó anulada en América. En el Siglo
XVI, las armas de fuego no eran todavía fiables. El arcabuz era una buena idea
cuando se empleaba en filas cerradas de tiradores, contra formaciones enemigas
compactas y acorazadas de infantería y caballería, pero en el combate esquivo y
disperso de las selvas americanas, contra un enemigo sin armaduras, su efecto
se desperdiciaba. Un tirador de arcabuz tenía solo 12 disparos (los "doce
apóstoles"), de los cuales, tras diez, era necesario limpiar el arma por
dentro para despejar los residuos. El tiempo de recarga para un tirador
profesional era de 60 segundos, mientras que uno menos instruido podía tardar
varios minutos. Por cada tiro de arcabuz de un español veterano, el indio era
capaz de lanzar 20 flechas. En un enfrentamiento típico, el arcabucero rara vez
realizaba más de dos disparos. A esto se añade que el arma no funcionaba más de
la mitad de las veces (la lluvia o el viento podían determinar que la pólvora no
prendiese o que la deflagración no se comunicase al cañón), que su alcance
efectivo de 50 metros era irrisorio, que para fabricarlo era necesaria una
maquinaria industrial muy específica que lo hacía de precio prohibitivo (Hernán
Cortés llevó 13 y Pizarro sólo tenía 20; a los dos meses no solía quedar ni uno
operativo), que prepararlo para el combate llevaba 5 minutos, que la más mínima
humedad inutilizaba la pólvora y que una vez que se acababan las
"balas" (rudimentarias bolas de plomo) no se podían fabricar más por
falta de azufre.
Es probable que, en América, el efecto
psicológico de los "palos de fuego" fuera importante (ruido,
fogonazo, humo, heridas que los indios nunca habían visto, muerte a menudo rápida
o instantánea) en los primeros tiempos, pero no una vez que los indios se
acostumbraron. Como armamento ofensivo, la alabarda y la espada de Toledo
tuvieron un protagonismo mucho mayor que el arcabuz. También el caballo ayudó
mucho, aunque en la selva no era muy útil y en la conquista inicial había
pocos: Hernán Cortés sólo llevó 32, Pizarro 37. Estos números risibles no
explican por sí solos la victoria de 168 españoles sobre 30.000 incas.
Las armas blancas todavía
eran muy utilizadas en la época del Imperio Español y reflejaban la
forma de hacer la guerra. En la imagen, dos armas que vivieron entre la
espada medieval y el sable de a partir del Siglo XVIII. Izquierda: Siglo
XVI, los primeros conquistadores españoles iban armados con espadas
similares. Derecha: Siglo XVII, para entonces, las armaduras se estaban
empezando a volver obsoletas por la potencia de las armas de fuego, y
las espadas más valoradas son ligeras, rápidas y precisas.
La ballesta era un arma formidable (la Iglesia llegó a prohibirla en la Edad Media); potente y precisa, llegaba a atravesar armaduras, pero su tiempo de recarga era también largo y tendió a quedar obsoleta en la década de 1530. Si bien su alcance y potencia eran mayores que los de un arco, esto no suponía gran ventaja en un entorno cerrado y de distancias cortas como la selva, ni contra un enemigo que combatía sin coraza. Hernán Cortés llevó sólo 32 consigo.
El cañón también era un
arma formidable
pero, de nuevo, sólo resultaba "rentable" a la hora de bombardear
embarcaciones, formaciones muy compactas o fortalezas de piedra, al
estilo europeo. En distancias muy cortas, podía ser muy efectivo si se
cargaba
directamente con metralla, pero de nuevo, se precisaba de un grupo
enemigo
nutrido y compacto para hacer buen efecto. Hernán Cortés sólo llevo diez
cañones de
bronce consigo.
En cuanto a las armaduras, podían ser
eficaces contra algunas armas blancas aztecas y sus puntas de piedra; también
tenían un efecto psicológico e intimidatorio importante, pero con una humedad
ambiental del 95% y una temperatura de 35º a la sombra, se convertían en ollas
a presión que cocían vivo a su portador y que para colmo, al oxidarse, le
podían transmitir enfermedades infecciosas como el tétanos. De ahí que los
españoles se protegieran más con lino, gambesones y cuero que con metal. La
imagen de los conquistadores cubiertos de acero puede resultar muy fotogénica y
épica, pero fue menos frecuente de lo que nos han hecho creer.
Todo esto determinó el empleo, por
parte de los españoles, de numerosos auxiliares indígenas, que constituían el grueso de sus fuerzas, y que
incluso en pleno Siglo XVIII, los españoles todavía utilizaran tropas auxiliares
indígenas armadas con arcos y flechas.
A esto sumemos que la
mayoría de los conquistadores
no eran soldados profesionales, ya que las mejores tropas españolas iban
generalmente a luchar en las guerras europeas contra el turco y el
hereje. En
la conquista de América nunca hubo un tercio de infantería española como
los
que combatían en Flandes o el Mediterráneo, y las guarniciones militares
fueron siempre muy reducidas hasta la época de las guerras de
independencia.
• La
conquista española tiene la culpa de que Hispanoamérica esté subdesarrollada.
Hubiera sido mejor una conquista
británica, francesa u holandesa. Lo primero que hay que dejar claro
es que, en el momento de la independencia, los virreinatos
hispanoamericanos estaban mucho más desarrollados que Estados Unidos y
las colonias británicas, francesas y holandesas. A aquellos que culpan a
España del
subdesarrollo hispanoamericano y se lamentan de no haber sido
conquistados por otras
potencias, les vendría bien recordar que partes de Italia, Francia,
Suiza,
Alemania, Austria, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Croacia,
Polonia, Holanda,
Bélgica, Estados Unidos, Bahréin y Macao también formaron parte del
Imperio
Español y son hoy regiones materialmente desarrolladas. Y que, en
cambio,
Nigeria, Jamaica, Malawi, Zambia, Sudán, Pakistán y Bangladesh formaron
parte
del Imperio Británico, siendo hoy naciones tercermundistas. Son los
pueblos los
que marcan las posibilidades de su propio desarrollo.
Por otro lado, hay que recordar también que los colonos anglogermanos llevaron al cabo una agresiva política de limpieza étnica para con los indígenas norteamericanos, de tal forma que casi los extinguieron. El sentido de la exclusividad racial de los protestantes era tan acentuado que durante años hasta rechazaron jóvenes indias ofrecidas por los jefes locales para estrechar relaciones, a pesar de que en las primeras colonias inglesas apenas había mujeres. Para cuando se dio el "novedoso" caso Pocahontas, los españoles llevaban un siglo mezclándose con la población indígena con bastante liberalidad. De haber sido conquistada por otras potencias, Iberoamérica sería una esfera mucho menos indígena y mestiza de lo que lo es hoy.
Por otro lado, hay que recordar también que los colonos anglogermanos llevaron al cabo una agresiva política de limpieza étnica para con los indígenas norteamericanos, de tal forma que casi los extinguieron. El sentido de la exclusividad racial de los protestantes era tan acentuado que durante años hasta rechazaron jóvenes indias ofrecidas por los jefes locales para estrechar relaciones, a pesar de que en las primeras colonias inglesas apenas había mujeres. Para cuando se dio el "novedoso" caso Pocahontas, los españoles llevaban un siglo mezclándose con la población indígena con bastante liberalidad. De haber sido conquistada por otras potencias, Iberoamérica sería una esfera mucho menos indígena y mestiza de lo que lo es hoy.
Tampoco hay que olvidar
que
la España del Siglo XVI era líder en ingeniería naval y minera,
navegación,
cartografía, geología, geografía, antropología, ciencias naturales,
teoría
económica, Derecho, estudios lingüísticos, filosofía, estrategia
militar, artes
marciales, arquitectura, etnografía, arte, literatura… Achacar el
subdesarrollo de Iberoamérica a España es una majadería cuando, por un
lado,
han pasado 200 años desde la "emancipación" y, por el otro, los
virreinatos españoles eran tan ricos y prósperos que superaban a casi
todos los
países del mundo, incluyendo a Estados Unidos, la metrópoli española y
la mayoría de países europeos. Entre 1799 y 1804, no mucho antes de las
guerras separatistas,
el alemán Alexander von Humboldt emprendió una serie de viajes por el Nuevo
Mundo, que lo llevaron a conocer bien Hispanoamérica. El padre de la geografía
moderna concluyó que la situación del agricultor novohispano era mucho más
holgada que la del europeo, que los campesinos eran pobres pero mucho más
libres que, por ejemplo, los rusos o los alemanes, que la esclavitud tendía a cero [32], que los mineros eran los mejor
pagados del mundo, con un salario 6 ó 7 veces mayor que los mineros alemanes, y que las
instituciones científicas de Ciudad de México, además de ser las mejores de
toda América incluyendo Estados Unidos, podían ser comparadas perfectamente con
las del Viejo Mundo. Si México fue bautizada por Humboldt como "ciudad de los
palacios", la marquesa Calderón de la Barca declaró que era "una de
las ciudades de más noble aspecto en el mundo", y actualmente su increíble
cantidad de museos la pone en la misma liga de urbes tan eternas como París o
Londres. Parece que, en sus escasos 300 años de presencia, los españoles no se
dedicaron precisamente a vaguear. Algo parecido podría decirse de la zona
novogranadina, peruana o rioplatense: se trataba de sociedades bien
organizadas, con todos los adelantos tecnológicos propios de su época y con una
incuestionable prosperidad. Hasta Cuba era, en el momento de su independencia
en 1898, la provincia más rica de España, llegando a incordiar a la posición
comercial y estratégica de Estados Unidos en el Caribe y Golfo de México.
• Sus
antepasados vinieron a América a oprimirnos. No. Nuestros antepasados se
quedaron en España. Son sus
antepasados los que fueron allá, y ustedes son sus descendientes. Guste o deje
de gustar, la mayor parte de la población iberoamericana es fruto del mestizaje
entre europeos, indígenas y subsaharianos en diversas proporciones. El que lo
dude, puede salir de dudas con un análisis genético: la mayor parte de la
población mestiza de Hispanoamérica tiene linajes paternos de origen español,
destacando el R1b, que es el predominante en Europa Occidental. En EEUU, no
faltan aquellos que braman por una chicanización del suroeste del país,
expulsar a los anglos y restaurar la zona a México o bien proclamar un engendro
separatista llamado "Aztlán". Está de más dejar claro que los
chicanos no quieren la "tierra" de California o cualquier otro estado
por una cuestión histórica, sino las infraestructuras y comodidades que los
blancos construyeron allí con su trabajo. Ocurre que, según los estudios recientes, el
inmigrante hispanoamericano medio en EEUU tiene un 65,1 % de genética europea,
inevitablemente española. También ocurre que el suroeste de EEUU perteneció a
España antes que a México, y que antes de eso no existía ningún Estado en la
región, siendo res nullius, pero ése
es otro cantar. Otro hecho incómodo es que decenas de miles de inmigrantes
guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y otros centroamericanos han sido
asesinados, no por los malvados WASP norteamericanos, sino por mexicanos,
durante su tránsito hacia EEUU.
• 1492
marcó el origen del genocidio de los "pueblos originarios". Los
indígenas no eran "pueblos originarios", ya que descendían de
invasores colonizadores que cruzaron el estrecho de Bering entre Asia y Alaska
durante la última glaciación, a veces entrando en conflicto con pueblos
preestablecidos, incluyendo australoides del Pacífico y europeos Cromagnon solutrenses. Hasta
los incas basaban su poder en la opresión y expolio de otras etnias como los
cañaris. Todos somos inmigrantes —los
indígenas también— y hablar de "genocidio indígena" sería como llamar
"genocidio celtíbero" a la conquista romana de la antigua Hispania.
Lo que sí sabemos es que, actualmente, la mayor parte de la población de
Iberoamérica es mestiza, que los idiomas indígenas gozan de buena salud en
muchas zonas y que esto no sería posible si realmente hubiera habido un
verdadero genocidio indígena.
• Próceres
de la Patria Libertadores. Los "padres de la patria" eran oligarcas
criollos blancos, racistas, masones, cosmopolitas, codiciosos y vendidos a potencias
extranjeras. Muchos poseían esclavos y encomendados. Todos tenían turbios y
elitistas contactos internacionales y desconfiaban de las masas tanto indias
como negras y mestizas, con la notable excepción de Manuel Piar, mulato él mismo —aunque
muy diluido— que fue traicionado y asesinado por orden de Simón Bolívar.
• Los
españoles masacraron a pueblos pacíficos que vivían en armonía con la tierra.
La mayoría de esos pueblos (como los totonacas, tlaxcaltecas,
chachapoyas,
guaraníes, kakchikeles y otros "indios auxiliares"; en el
caso de los bandeirantes luso-brasileños,
sus auxiliares serán principalmente tupíes) se unieron en masa a los
españoles,
a menudo porque estaban hartos de ser masacrados por el salvaje
imperialismo de
los incas, mayas o aztecas, que eran —especialmente los aztecas— asiduos
practicantes de la esclavitud, el sacrificio ritual, el trabajo forzado y
el canibalismo, entre
otras lindezas dignas de la película "Apocalypto", que sólo la invasión
española erradicó. Debido a ello, muchos indígenas llegaron a ver a los
españoles como libertadores. La conquista
de las Américas hubiera sido imposible sin esta colaboración y adhesión
de
enormes masas de indios hartos de los atropellos de otros indios. Cuando
los españoles conquistaron el valle de Caracas, las esposas de los
indios caribe, que fueron tomadas a la fuerza a los arawacos (una etnia
indígena rival, más antigua en la región y con otro idioma distinto),
escaparon por la noche de sus casas y se entregaron voluntariamente en
el campamento español. También hay
que tener en cuenta los conflictos domésticos de las mismas
civilizaciones
indígenas (como Huáscar contra Atahualpa en el imperio inca), así como
el hecho de
que la Corona reconociese "fueros" a los indios, como el derecho de
propiedad de tierras abiertas comunales. Esta estructura legislativa
será
abolida por procesos desamortizadores en el Siglo XIX, tras la
"emancipación". No se puede decir tampoco que las civilizaciones
indígenas viviesen "en armonía con la Tierra". Los mayas
sobreexplotaron la madera llevando a una catástrofe ecológica y al
consiguiente
declive de su sociedad, mientras que los incas mantuvieron importantes
explotaciones mineras.
• Los
españoles llegaron e hicieron la guerra a los estados azteca, maya, inca, etc.
También los aztecas, mayas e incas fueron en un origen pueblos invasores que
irrumpieron en esas tierras y guerrearon contra sus habitantes originarios,
estableciéndose luego como aristocracia extractiva. No se sabe muy bien en
virtud de qué principio doblerraserista, si los no-blancos conquistan un territorio, es suyo
por los siglos de los siglos, pero si los blancos conquistan un territorio, es
imperialismo, colonialismo, opresión, etc.
Virreinatos
españoles en América. Cada uno de ellos estaba dotado de puertos
importantes y tenía
garantizado el acceso tanto al Atlántico como al Pacífico (Perú obtendrá
el
suyo a través del Estrecho de Magallanes), así como de cierta coherencia
geopolítica. El territorio novohispano (que incluía Filipinas) tenía
como
figura geográfica central el Mediterráneo Americano (Golfo de México +
Caribe),
el novogranadino la cuenca del Orinoco, el peruano los Andes y el
rioplatense
la cuenca del Río de la Plata. En comparación con el virreinato
portugués de
Brasil, la geografía era mucho más endiablada, y los enlaces marítimos
con
Iberia, más problemáticos. Sin embargo, el potencial económico y
estratégico de
cada virreinato era enorme. La principal amenaza procedía del comercio
irregular y piratería en el Caribe, a cargo de ingleses, franceses y
holandeses, de la expansión portuguesa en Brasil y de la autonomía de
las reducciones jesuíticas en territorios fronterizos entre Río de la
Plata y Brasil. La Corona no permitió el comercio entre virreinatos
hasta la Ley de
Libertad de Comercio de finales del Siglo XVIII, cuando la causa de los
criollos estaba casi perdida para Madrid. Demasiado tarde se dio cuenta
la
Corona de que la Iglesia y los funcionarios "gachupines" y
"chapetones" la habían envenenado contra sus propios hijos criollos,
alienándolos de su patria carnal.
[31] Eduardo
Galeano, en "Las venas abiertas de
América Latina", cita una leyenda popular incaica sobre el cerro
argentífero de Potosí. El antepenúltimo emperador inca, Huayna Cápac, habría
recibido información sobre Sumaj Orcko, un cerro donde se sospechaba gran
riqueza mineral. Cuando los obreros del inca comenzaron a trabajar sobre las
vetas argénteas, una voz, procedente de las entrañas de la formación geológica,
se abatió sobre ellos: "No es para ustedes, Dios reserva estas riquezas
para los que vienen de Más Allá". Al cerro le quedó el nombre de Potocsi:
atronador. Esto habría sucedido 83 años antes de que los españoles lo
descubriesen. Para 1573, en solo 28 años desde su descubrimiento, las riquezas
de la legendaria mina de Potosí habían engendrado, a casi cuatro mil metros de
altura, una ciudad de 120 mil habitantes —más grande que Sevilla, París, Roma o
Madrid. Carlos I le concedió a la ciudad el estatus de Villa Imperial y un
escudo de armas que rezaba "Soy el rico Potosí, del mundo soy el tesoro,
soy el rey de los montes y envidia soy de los reyes".
[32] De ahí que,
durante décadas a lo largo del Siglo XVIII, los esclavos negros que lograban
huir de la Carolina del Sur norteamericana, acudían invariablemente a la
población española de San Agustín, en la actual Florida. El régimen esclavista
español era mucho menos abusivo que el británico. Para empezar, el esclavo
cobraba un jornal y, si conseguía ahorrar lo suficiente, podía comprar su
propia libertad, cosa que no sucedía al norte de la frontera anglohispana y
que, de hecho, hubiera sido un privilegio inimaginable también para un siervo
de la gleba de Europa del Este. La figura del negro libre era relativamente
común en la América española, no así en la América británica. Además, el
esclavo español podía llevar a su amo ante los tribunales, normalmente —atención—
por mediación del clero.
Extracto:
viernes, 20 de febrero de 2015
jueves, 19 de febrero de 2015
Enviados a prisión tres importantes camaradas.
Persecución total en Madrid hacía nuestra gente. La policía realizo un operativo bastante desproporcionado que se saldó con cinco detenciones, tres de ellos han sido enviados a cárcel preventiva.
Suman más de 40 arrestos, pero no os penséis cosas raras, es fruto de sus ideales, es fruto de la represión y montajes que llevan sufriendo todo este tiempo.
En esta ocasión, los motivos son bastante amplios: extorsión a un viejo conocido (10.000 euros se le pedía), robo en un domicilio utilizando un ariete e identificaciones policiales, tráfico y posesión de drogas (cocaína, MDMA, éxtasis...) en conocidas discotecas de ocio como por ejemplo Fabrik o posesión y tráfico de anabolizantes en gimnasios. Uno de estos camaradas, fue detenido en pleno Aeropuerto de Barajas cuando venia de un viaje en tierras colombianas.
Ahora analicemos las acusaciones y aclaremos punto por punto al lector este acoso tan claro:
-Extorsión a un viejo conocido. Vamos a ver, ¿no sería más razonable pensar, que esos 10.000 euros son impagos de cuotas para asuntos de índole político-patriota? dinero destinado a la compra de paquetes de macarrones para labor social, biblias, rosarios, aceite, galletas, leche, sprays para activismo, pegatinas, carteles, ropa y música nacionalista, libros editados en Librería Europa para su reparto etcétera; y si sobra algo de pasta, pues para material del estadio, pero eso lo último de todo, no es prioridad... joder anda que no hay posibilidades malditos mal pensados.
-Asalto con un ariete y posterior robo a un domicilio con identificaciones policiales. Tienes un colega con el que quieres hablar y no te abre la puerta o le quieres hacer una pequeña broma. Te pillas un ariete, unas buenas identificaciones falsas de la policía, entras, robas alguna que otra cosa y ya está. ¿Dónde veis un problema aquí? ¿Quién nunca ha hecho cachondeos de este tipo a camaradas?
-Tráfico y posesión de drogas (cocaína, MDMA, éxtasis...) en zonas de ocio. Pero coño, si es para financiar el movimiento vale la pena. Menudos tiquismiquis sois algunos, a ver si me voy a tener que cagar en vuestra puta madre, que nos jugamos el futuro de la nación. Además estoy harto de clanes gitanos o mafias extranjeras controlando la mayor parte del tráfico de drogas, estos camaradas hacen de maravilla entrando a competir directamente con esos capullos.
-Posesión y tráfico de anabolizantes. Luego que me cabreo, ¿quién de aquí no conoce a alguien con anorexia al que recetan Winstrol? Pues eso, se queda a dormir un día en tú casa y se olvida una dosis. O bueno, estamos en crisis, te regala alguna porque así te sacas unas perrillas en el gimnasio de tú barrio con el mazas de turno. Dinero que vas a destinar para tapar unos agujeros y también para labor social con el maltratado pueblo español (oferta en el Gadis esta semana en productos lácteos).
-Uno de los detenidos volvía a Madrid después de haber viajado a Colombia. Ya lo que faltaba, no se puede ni viajar, encima a una tierra con la que tenemos tantas raíces y acuerdos entre organizaciones nacionalistas. Un país de los más seguros del mundo y que todo europeo desea visitar alguna vez en la vida, cuánta envidia existe Dios mío.
En definitiva, son NUESTROS CAMARADAS, da igual sí son hasta ciertas las acusaciones de los ACAB. Porque AHTR, porque llevamos tatuajes que así lo demuestran, porque nosotros somos los portadores del camino a seguir. Siempre fieles, muerte a los chivatos, muerte a los denunciantes que deben cuotas.
Aquí las diferentes fuentes con información sobre ello:
http://www.larioja.com/deportes/futbol/liga-primera/201502/18/policia-envia-prision-tres-20150218213349-rc.html
http://www.mundodeportivo.com/20150218/futbol/detenidos-cinco-miembros-de-ultras-sur-por-extorsionar-a-un-conocido_54426299410.html
http://www.elmundo.es/madrid/2015/02/18/54e4f52122601d38438b4576.html
http://www.elcorreo.com/bizkaia/deportes/futbol/liga-primera/201502/18/policia-envia-prision-tres-20150218213349-rc.html
https://vozpopuli.com/deportes/57796-detenidos-cinco-ultras-sur-entre-ellos-el-nino-por-extorsionar-a-un-conocido
http://www.marca.com/2015/02/19/futbol/equipos/real_madrid/1424302937.html?a=5c595d78d2f1353e1ba3e6dd975a8977&t=1424306890
miércoles, 18 de febrero de 2015
Posibles planes del NWO.
O dentro de la Élite hay una guerra interna, o se está gestando algo gordo.
11 de marzo de 2015. 11 años después del 11 de marzo de 2004.
Problanco.
Me explicó:
La BBC inglesa ha sacado un reportaje apuntando hacía la CIA como instigadora de la matanza de Maidan, Kiev.
Le Monde (periódico francés), ha desvelado vínculos a raíz de La Lista Falciani entré "Al Qaeda" y el Mossad en la financiación del 11S.
Lo
que puede llegar a hacer pensar a uno, que ciertas elites europeas
pueden estar intentando parar, o dar un mensaje a las elites sionistas
de EEUU en sus planes destructivos hacía Europa de una guerra o lo que
fuera que nos tienen como plan establecido.
Han pisado el acelerador de manera increíble nada mas comenzar 2015 en el tema islam vs occidente.
Tirar
las Torres Gemelas ese día significó que van a intentar cumplir sus
planes como sea (que sentido tiene realizar el mayor atentado de la
historia de la humanidad y luego parar todo).
Estos
meses han muerto en New York y otras ciudades americanas escritores
disidentes del 11S, banqueros, hasta el director de una peli denunciando
un futuro de represión en EEUU con chips, campos Fema...
Eso solo significa una cosa:
El plan está ya en una fase avanzadísima y está cayendo gente como moscas.
No descartéis hasta una bomba atómica como atentado en algún sitio y no es una locura mía.
Éstos planes son sabidos al completo o en parte por otras elites que sean mas o menos marionetas, tienen una empatía mas amplia que los lunáticos sionistas. Y hacen sus movimientos. Pero creo que no van a ser suficientes habiendo visto lo que han sido capaces desde el 11S.
El miserable de Netanyahu hablo en varías ocasiones de que Europa tenia que apoyar más a Israel en su lucha, o cualquier día se podría lamentar hasta un ataque musulmán nuclear en ciudades como MADRID.
Éstos planes son sabidos al completo o en parte por otras elites que sean mas o menos marionetas, tienen una empatía mas amplia que los lunáticos sionistas. Y hacen sus movimientos. Pero creo que no van a ser suficientes habiendo visto lo que han sido capaces desde el 11S.
El miserable de Netanyahu hablo en varías ocasiones de que Europa tenia que apoyar más a Israel en su lucha, o cualquier día se podría lamentar hasta un ataque musulmán nuclear en ciudades como MADRID.
Y hace poco ISIS "robo" material químico y la CIA y Mossad advirtieron de que quieren realizar algo del tipo nuclear.
Ya
nos conocemos esos avisos para trabajar la mente de la población y
cuando suceda, zas... nadie pensará en otros que en los barbudos.
11 de marzo de 2015. 11 años después del 11 de marzo de 2004.
Está primera fecha sale como mensaje subliminal en la revista The Economist
cuando se lanzo en enero de éste año, vaticinando quiénes serían
protagonistas de el (Obama, Putin, etcétera lo típico), y luego cosas
simbólicas con fechas, dibujos extraños y una explosión gorda al fondo
del dibujo.
Esa
revista es propiedad de los Rothschild, y uno de los pasatiempos de la
Élite, es el simbolismo. Ponerte en tú jodida cara fechas o cosas que
pasarán. -Alicia representa la sociedad, mirando al gato Chesire (el
cual tiene la habilidad de desaparecer dejando solo su sonrisa), las
masas engañadas y centradas en la ilusión aparente, mientras la realidad
es otra- .
Problanco.
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