martes, 23 de septiembre de 2014

Habla el Martillo.


¡Por qué tan duro! –dijo una vez el carbón de cocina al diamante-. ¿Acaso no somos parientes cercanos?

¿Por qué tan blandos? Hermanos mios, -le pregunto-: ¿Acaso no son mis hermanos?

¿Por qué tan blandos, tan reblandecidos y poco resistentes? ¿Por qué hay tanta negación, tanta renegación en sus corazones? ¿Tan poco destino en su mirada?

Y si no quieren ser destinos e inexorables: ¿cómo podrian vencer conmigo alguna vez?

Y si su dureza no quiere centellear y cortar y seccionar: ¿cómo podrian alguna vez crear conmigo?

Todos los creadores son duros. Y bienaventuranza tiene que parecerles el imprimir su mano sobre milenios, cual si fueran cera.

Bienaventuranza, escribir sobre la voluntad de los milenios como sobre bronce, más duros que el bronce, más nobles que el bronce. Sólo lo totalmente duro es lo más noble de todo. Esta nueva tabla, oh mis hermanos, coloco yo sobre ustedes: ¡Endurezcanse!

(Del filosofo aleman Friedrich Nietzsche; "Asi Hablo Zaratustra").

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