"Las
únicas dos cosas que suben simultaneamente a la diversidad de su censo,
son las marchas de protesta y las horas de ver televisión."
Putnam
tomó en cuenta las dos escuelas de pensamiento dominantes en el estudio
social de la diversidad étnica y racial: la teoría del "contacto" y la
teoría del "conflicto". Bajo la teoría del "contacto", pasar más tiempo
con gente de otros orígenes conduciría a una mayor comprensión y armonía
entre los grupos. Bajo la teoría del "conflicto", la proximidad
produciría tensión y discordia.
Aunque reconoce que la mayoría de
estudios empíricos parecen favorecer como correcta en la mayoría de las
ocasiones la teoría del "conflicto", expone que no solo en ambientes
de gran diversidad tendemos a juntarnos aún más con "los nuestros"
(sirvan como ejemplo los fenómenos de
White flight,
gentrificación y
guetos), sino que, consistentemente según las observaciones, también disminuye el contacto incluso entre gente de la misma etnia.
También descubrió que
las comunidades con mayor diversidad tienden a
ser más grandes, tener un mayor diferencial en los ingresos (más brecha
entre ricos y pobres), mayores tasas de criminalidad, y que hay más
movilidad entre sus habitantes (tienden a mudarse más), todo ello
relacionado con la diversidad étnica más que con ningún otro factor,
consistentemente en todas las comunidades estudiadas. Todos éstos
factores por si mismos deprimen el
Capital Social independientemente de cualquier impacto étnico que la diversidad pudiera tener; siendo otro factor más a sumar.
Este patrón se repitió en las 41 localidades estudiadas, desde grandes
ciudades como Los Ángeles, Chicago, Houston y Boston a las pequeñas
Yakima en Washington, zonas rurales de Dakota del Sur, y de las montañas
de West Virginia. En las diversas San Francisco y Los Angeles,
alrededor del 30% de las personas dicen confíar mucho en sus vecinos. En
comunidades étnicamente homogéneas en las Dakotas, la respuesta es del
70 al 80%.
Ni la edad ni las disparidades en riqueza explican este resultado,
según Putnam:
"Los estadounidenses criados en la década de 1970, parecen tan
desconcertados y enervados por la diversidad como los criados en la
década de 1920."
El "aislarse" se produce
sin importar si las comunidades eran relativamente igualitarias o
mostraban grandes diferencias en ingresos. Incluso cuando las
comunidades son igualmente pobres o ricas, igualmente seguras o llenas
de criminalidad, la diversidad se correlaciona con una menor confianza
en los vecinos, menor confianza en los políticos locales y los medios de
comunicación, dar menos a la caridad, menor participación en el
voluntariado, menos amigos cercanos y menor felicidad.
Putnam cita varias fuentes que reafirman sus hallazgos.
Estudios
independientes en los EE.UU., Gran Bretaña, India, Kenya y Pakistán
demuestran que la diversidad está asociada con niveles más bajos de
confianza y menor inversión en recursos compartidos. En los EE.UU.,
el trabajo de Alberto Alesina y Eliana La Ferrara ha producido
resultados muy similares a los suyos: manteniendo constante una serie de
otros factores, las ciudades de Estados Unidos con más diversidad
tienden a tener menores niveles de confianza. Un estudio que analizó la
productividad agrícola británica halló que los equipos más étnicamente
heterogéneos recogían menos fruta. En la Guerra Civil estadounidense,
las tasas de deserción del ejército de la Unión fueron mayores en
compañías más étnicamente diversas. A través de varias Comunidades en
Pakistán, los proyectos de infraestructura son mejor mantenidos donde
hay menos divisiones religiosas, políticas y de clanes. En varios
distritos escolares de Kenia, la diversidad étnica y lingüística se
asocia con peores instalaciones escolares y menor recaudación
voluntaria.
Según datos recogidos en varios países, desde Uganda a
Estados Unidos, en situaciones experimentales donde los sujetos son
sometidos a juegos competitivos, cuanto más diferentes son los sujetos,
más propensión hay a hacer trampas o engañar al rival, de modo
consistente, en todos los países.
La polémica
Ahora bien, siendo como es Putnam un progresista partidario de la
diversidad étnica ante todo, reacio a ser pájaro de mal agüero entre sus
colegas, tras reunir todos los datos en el año 2000, tan solo publicó
una parte de ellos en 2001,
recogidos por una artículo de Los Angeles Times,
dándose más tiempo para encontrar algo que justificara sus hallazgos,
sin tener que echar por tierra la idea de que la diversidad es
enriquecedora. Finalmente publicó los datos (incompletos) 6 años
después, junto a una justificación basada en otros estudios que parecían
sugerir que, no obstante la negatividad de sus hallazgos, la diversidad
también podía ser considerada positiva. Recogida por el
Fianancial Times,
en un artículo en que se hacían eco de los negativos efectos de la
diversidad hallados por Putnam, restando importancia a sus
justificaciones por poco concluyentes, y criticándole por haber ocultado
por más de 6 años sus hallazgos.
John leo, miembro del Manhattan Institute,
le criticó también duramente,
así como varios colegas, por lo que consideraron fue deshonestidad al
intentar ocultar datos que no cuadraban con sus ideas, algo impropio de
un investigador científico, sobre todo teniendo en cuenta la importancia
e influencia de Putnam.
Harvard, la universidad donde enseña, es probablemente el centro más
influyente del Occidente industrializado en políticas públicas, y
Putnam, uno de los más influyentes científicos sociales. Citando
un artículo de The Guardian sobre Putnam:
Se
pueden detectar rastros de su influencia en toda la nueva política
Laborista. Él fue el hombre que popularizó el concepto de capital social
- las redes de confianza, amistad, vecindad y organizaciones de todo
tipo de las cuales gran parte de nuestras vidas depende - y que le ha
ganado el oído de políticos de todas las tendencias: Bill Clinton,
George Bush, Tony Blair, Gordon Brown, incluso, más recientemente, el
líder libio, Muammar Gadaffi.
Tiene incluso artículos publicados en
El Páis, su influencia internacional en el mundo de las élites mediáticas, académicas e intelectuales del
establishment occidental, y por tanto, en los expertos que diseñan politicas públicas, es enorme.
Incluso a día de hoy, la narrativa oficial de la Universidad de Harvard,
incluyendo los muchos asesores políticos en la administración Obama (y
anteriores), grandes figuras de los medios y altos funcionarios que
estudiaron allí, y que influencian la opinión pública y las políticas
sociales de medio mundo, hacen oídos sordos a sus propios hallazgos, y
promueven la diversidad como algo positivo. O peor aún, lo hacen
ocultando datos a sus colegas investigadores. La imparcialidad no parece
uno de sus fuertes.
Estudios posteriores
No obstante, los hallazgos de Putnam han sido confirmados por otras fuentes:
un estudio del holandes Bram Lancee
replicando el de Putnam en su país, demostró que los mismos resultados
se obtenían en un país de la Europa Occidental que en Estados Unidos
sobre el negativo impacto de la diversidad étnica, sin importar los muy
distintos tipos de "Estados de Bienestar".
Tom W. Rice y Brent Steele demostraron que incluso la diversidad en el origen de habitantes de raza blanca en Iowa tenía cierto impacto. Una
encuesta recogida por el gobierno australiano,
recogía que la diversidad étnica reduce el nivel de confianza en los
vecindarios, haciendo que la gente sea más recelosa de sus vecinos. Este
recelo aumentaba donde había diversidad lingüística; el efecto de la
diversidad se daba en todos los grupos: australianos étnicos, e
inmigrantes de todas las etnias. En todos los países, existe una
correlación negativa entre la fraccionalización étnica y el crecimiento
económico, que los investigadores
William Easterly y Ross Levine atribuyen
a la diversidad étnica, que hace más difícil que los países se pongan
de acuerdo sobre la provisión de bienes públicos y las políticas pro
crecimiento.
Zachary Neal y Jennifer Watling Neal, ambos de la Michigan State University, publicaron un estudio en la
American Journal of Community Psychology,
en el que, mediante un modelo computerizado, simulaban vecindarios
virtuales y según parámetros recogidos con anterioridad, pretendían
medir las consecuencias de la diversidad en el sentido de comunidad. El
estudio, titulado
"La (in)Compatibiliad de la Diversidad y el Sentido de Comunidad",
encontró tras 500 simulaciones que, a mayor grado de diversidad, menor
era el sentido de comunidad, y que no mejoraba con la proximidad entre
gentes de diversa procedencia étnica en el tiempo, como se ve en la
gráfica:
Dado que los resultados no salían como esperaban (nótese que uno de los postulados de la
Community Psychology o Psicología Comunitaria es precisamente
promover la diversidad), tras las 500 simulaciones iniciales decidieron elevar el número a ¡20 millones de simulaciones! En vano, el
resultado fue el mismo.
Dicho en claro, la diversidad tiene efectos negativos en las sociedades,
los resultados de todos los estudios son consistentes, siendo incluso
reconocidos (a su pesar) por investigadores que pretenden promover sus
ventajas. Incluso en simulados mundos imaginarios, más aún en la
realidad.
Posibles causas biológicas
El hecho de que dicha falta de cohesión registrada en entornos de
diversidad étnica, por encima de ningún otro factor (de riqueza,
cultural, etc), se manifieste a lo largo y ancho de todo el globo, hace
pensar en causas biológicas del fenómeno. Diversos estudios, así lo
parecen demostrar, en edades muy tempranas e incluso por causas innatas.
Un
estudio de la Universidad Concordia de Montreal, en concordancia con otros anteriores realizados en diversos países en los 80s y 90s, demostró que los niños ya
a
partir de 3 años de edad, tienden a interaccionar durante más tiempo, y
a hablar más en esos periodos, cuando lo hacen con gente de su misma
etnia; incluso cuando unos y otros, todos se conocen de la misma
guardería, la preferencia por interactuar con los de su misma etnia
persiste. Así mismo, cuando interactúan con niños de otras etnias,
tienden a ajustar su comportamiento al de los otros, intentando
imitarlos.
La explicación a ésto, puede estar en
otro estudio de la Universidad de Massachusetts, que recoge que mientras
los bebés de cinco meses tienden a distinguir caras y expresividad facial sin importar la raza,
a
partir de los nueve meses comienzan a demostrar mucha más soltura al
interpretar expresiones emotivas de gente de su misma etnia, teniendo
más dificultad para interpretar los de otras. Al estudiar con
sensores la actividad cerebral, reconocieron un cambio de la zona que
procesa la información en el cerebro que se produce entre los 5 y 9
meses de dedad.
Se piensa que la causa
de la dificultad de interpretar emociones y rostros en caras de otras
razas (dificultando la comunicación y el nexo emocional), está causada
por un cambio en el cerebro que permitiría al bebé "especializarse" en
sus habilidades perceptivas hacia gente de su entorno, como su familia,
permitiéndoles
una mayor cohesión emotiva y una mejor comunicación con gente similar a
ellos. Surge en fase pre-verbal, de modo que un sesgo racial por
cuestiones culturales queda fuera de toda hipótesis.
Junto a estos cambios en percepción racial debido a cambios fisiológicos
en el cerebro durante el desarrollo temprano, otros factores de
percepción racial parecen ser también innatos, según
otro estudio publicado en Nature,
dirigido por la universidad de New york. El racismo está"cableado" en
el diseño de nuestro cerebro y opera inconscientemente, porque las zonas
que detectan el origen étnico y las de control de las emociones, están
estrechamente relacionados,
según los científicos. Los investigadores explican que
los
mismos circuitos cerebrales que nos permiten clasificar a una persona
en un grupo étnico, se solapan con otros circuitos que procesan las
emociones y la toma de decisiones, lo que lleva a la gente a tomar
decisiones inconscientes sobre la base de la raza de otros.
Dicha conexión entre circuitos cerebrales, parece estar relacionado con la producción de ciertas hormonas. El
neurotransmisor oxitocina
"hace a la gente más cooperativa, benevolente, leal, generosa y hace
aumentar la confiaanza en los demás. Interviene en el vínculo entre
padres e hijos; nuevas madres y padres tienen elevados niveles de
oxitocina. Su producción también aumenta cuando las personas se abrazan y
cuando tienen relaciones sexuales, e investigaciones recientes sugieren
que también al recibir muestras de calidez a nivel psicológico". Sin
embargo,
la oxitocina ha sido acusada de "fomentar el racismo".
El estudio, encabezado por un psicólogo de la Univesidad de Amsterdam, recoge:
El
etnocentrismo humano (la tendencia a ver al grupo de uno como
centralmente importante y superior a otros grupos) crea sesgos
intergrupales que alimentan el prejuicio, la xenofobia y la violencia
intergrupal. Fundamentado en la idea de que el etnocentrismo también
facilita la confianza, la cooperación y la coordinación intragrupal,
conjeturamos que el etnocentrismo puede ser modulado por la oxitocina
cerebral, un péptido que se ha demostrado promueve la cooperación entre
los miembros del propio grupo.
Los resultados muestran que la oxitocina crea sesgos intergrupales
porque la oxitocina motiva el favoritismo hacia los que están dentro del
grupo y, en menor medida, degrada la percepción de los que están fuera
del grupo. Estos hallazgos ponen en tela de juicio el punto de vista
de la oxitocina como una indiscriminada "droga del amor" o "química del
abrazo" y sugieren que la oxitocina tiene un papel en la aparición de
conflictos y violencia entre grupos.
Estas
tendencias naturales hacia sesgos étnicos, por lo polémico de sus
implicaciones, no suelen ser tenidas muy en cuenta en el debate público,
pero su realidad es tan manifiesta, que incluso
se ha detectado una minoritaria anomalía genética,
el llamado síndrome de Williams,
en el que los sujetos, desde la infancia,
muestran una total falta de preferencia por su propio grupo étnico.
Es decir, salvo anomalía genética, todos los sesgos antes descritos,
hacen efecto en todos y cada uno de nosotros, a nivel inconsciente. La
dificultad de captar el lenguaje corporal y de interpretar las
emociones, y el acto reflejo de cambiar nuestro modo de comunicarnos
para intentar adaptarnos a lo ajeno, creando dificultades en la
comunicación, unido a los desequilibrios en niveles de hormonas como la
oxitocina (por interactuar de modo habitual con sujetos intragrupo y
extragrupo), podría crear cierta "incomodidad" a nivel inconsciente.
Dicho sentimiento negativo, pudiera ser la causa de que no solo la gente
tienda inconscientemente a agruparse y "guetificar" sus espacios cuando
conviven en ambientes de alta diversidad, sino a aislarse e interactuar
menos incluso con miembros de su propio grupo (destruyendo el
Capital social como
registraran Putnam y otros después de él), pues los desórdenes a nivel
inconsciente y hormonal, rompen el propio vínculo intragrupal sin forjar
tampoco lazos extragrupales sólidos.