viernes, 9 de agosto de 2013

‘Caso Clément Méric’: los japoneses de las calles de París.


Antecedentes: hace unas semanas un encontronazo entre militantes “antifascistas” y jóvenes de un grupo patriótico en Paris dejaba como resultado un “antifascista” muerto. Posteriormente se ha detenido a los jóvenes patriotas, entre ellos al supuesto causante de la muerte del militante de extrema izquierda, un joven de origen español de 22 años y de nombre Esteban Morillo.

En 1974, el mundo entero descubría la odisea de Hiro Onoda, un soldado japonés escondido en la jungla de la isla de Lubang (Filipinas) y que continuaba la guerra del Pacífico él sólo, sin saber que Japón había capitulado en 1945. En junio de 2013, con ocasión de la muerte de Clément Méric, descubrimos que todavía existen “militantes antifascistas”, 68 años después de la desaparición del fascismo en 1945. Lamentablemente hasta aquí la similitud.

Hiro Onoda era un soldado y tenía la excusa de su deber de obediencia y de su aislamiento. Además sólo aceptó rendirse en presencia de su antiguo superior, que pudo convencerlo de que la guerra había realmente terminado.

Clément Méric era un estudiante de 19 años de ciencias políticas, lo que significa que no podía ignorar que el fascismo había sido eliminado de Europa en 1945, política y militarmente. De lo contrario, deberíamos inquietarnos seriamente de la enseñanza que se dispensa en la universidad francesa.

Hiro Onoda seguía su guerra en unas condiciones materiales y morales extremadamente difíciles; por ello, a su regreso a Japón fue recibido como un héroe.

Los “militantes antifascistas” franceses del siglo XXI viven confortablemente instalados en el Sistema. Tienen buena prensa, gozan del beneplácito de las ligas de la virtud y de las instituciones. A diferencia de sus abuelos, que lucharon de verdad contra el fascismo en la primera mitad del siglo XIX, ellos no se arriesgan a nada grave.

Hiro Onoda vivía con el miedo de ser descubierto y hecho prisionero, ya que pensaba que todavía estaba en guerra.

Los “militantes antifascistas” del siglo XXI, en cambio, se equivocan de época y de lucha.

Se les ha hecho creer que hay que luchar contra el fascismo inmundo y siempre renaciente, pero en realidad se les hace jugar el papel de idiotas útiles del neocapitalismo, ya que se les incita a atacar, no a los “fascistas”, sino a todos los que resisten a la transformación de nuestra sociedad dirigida por la oligarquía financiera y que son descalificados por el Sistema bajo el término de “extrema derecha”.

Por ello, los “militantes antifascistas” son en realidad unos pobres esquizofrénicos.

Hiro Onoda no murió en la jungla. Cumplió con el primer deber de un soldado: sobrevivir para llevar a cabo su misión hasta su relevo. Su acto tenía, pues, un sentido. Es por ello que Hiro Onoda fue recibido a su regreso, no como un soldado perdido, sino como la encarnación viva del código de honor militar nipón.

Clément Méric, en cambio, ha muerto para nada: como militante de una causa muerta y como víctima accidental de la violencia que corroe nuestra sociedd. Es decir, como víctima de la ideología en la que militaba.

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