miércoles, 19 de junio de 2013

Los progres no pueden triunfar.

2x3=6. Y si no hubiese nadie capaz de pensar 2x3 seguirían siendo 6.

El hielo al calentarse se funde. Si no hubiese nadie capaz de pensar el hielo seguirían fundiéndose al calentarse.

Los reptiles ponen huevos. Si no hubiese nadie capaz de pensar los reptiles seguirían poniendo huevos.

Lo que quiero decir con estos ejemplos es que las matemáticas no las ha inventado el hombre. Las matemáticas existen por si mismas y seguirían existiendo aunque no hubiese nadie capaz de pensar.

Lo mismo ocurre con respecto a la física, la biología y el resto de ciencias. No las ha inventado el hombre. Existen por si mismas.

Existen por si mismas y forman parte de la razón. La razón es otra cosa que existe por si misma. Y que seguiría existiendo aunque nadie fuera capaz de pensar. Seguiría existiendo incluso si no existiese absolutamente nada.

El bien consiste en comportarse conforme a la razón. El mal consiste en comportarse de forma contraria a la razón.

Y aquí es donde reside la miseria y la impotencia del mal: en su propio origen.

Los malvados (es decir: la gente que se comporta de forma contraria a la razón) no pueden lograr que sus empresas lleguen a buen puerto ni mucho menos que duren en el tiempo. Ya sea antes o ya sea después, ya sea de un modo o ya sea de otro, el caso es que sus empresas caen víctimas de sus sinsentidos y de sus propias contradicciones.

Por eso el mal jamás podrá imponerse al bien. El mal lleva en si mismo la semilla de su autodestrucción.

El proyecto del multiculturalismo (o el proyecto del feminismo o el proyecto de la mezcla racial) no pueden triunfar porque son contrarios a la razón. Se estrellarán antes o después de un modo o de otro. Caerán victimas de sus propias contradicciones.

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