domingo, 16 de diciembre de 2012

EL SUPERHOMBRE.

SAVITRI DEVI:  "Dioses, es decir, Superhombres inspirados de lo divino, no nacen cada día, cada siglo. Y cuando efectivamente vienen y viven y obran de manera maravillosa, no los reconoce todo el mundo, cualquier nación. Sin embargo, el espíritu Nacional-Socialista que se basa en la verdad y es tan antigua como el sol, nunca podrá extinguirse. Vivo o muerto, Adolf Hitler nunca podrá olvidarse. Y antes o después… su espíritu debe vencer." 

 


"Dioses, es decir, Superhombres inspirados de lo divino, no nacen cada día, cada siglo. Y cuando efectivamente vienen y viven y obran de manera maravillosa, no los reconoce todo el mundo, cualquier nación. La nación así bendecida los conserva en su espíritu, siguiéndolos hasta el amargo final, tanto en la victoria como en la desgracia, a estos hombres divinos que en ella nacieron. En Oriente como también en Occidente, incluso las razas superiores estaban en completa decadencia; agotadas del todo; pero a pesar de su cercano final volvieron aún a brillar. El mensaje sobre el triunfo de la vida -promesa divina- nunca nos puede dejar parados. Contienen lo mejor para cualquier época y para el país en los que todavía viva una raza noble y veraz que quiera dar testimonio del cumplimiento de estas palabras, que quiera admirar y adorar el retorno de un Salvador, levantándose en torno a él (aún agotada y vencida por las tenebrosas sombras de la muerte).

Cuando la justicia es pisoteada, cuando dominan los malos gobiernos -si es que toda esperanza está irrecuperablemente perdida- entonces brilla -ya está latente- un Salvador, inadvertido por la muchedumbre, dispuesto a manifestarse nuevamente. Al término de la Primera Guerra Mundial, de la Alemania rota se alzó el hombre que estaba predestinado a infundir una nueva fuerza, un nuevo orgullo, con un nuevo soplo vital pleno de alegría, no sólo a su propio Pueblo, sino a la élite racial de todo el mundo; el más grande europeo de todos los tiempos: Adolf Hitler. Solo y sin riquezas, únicamente con el amor de su enorme corazón, una indomable voluntad y la inspiración de la eterna sabiduría; sin ninguna otra fuerza que el poder vencedor de la verdad; sin ninguna otra ayuda que la de los Dioses invisibles; de los que era el único elegido, realizó aquello que ningún otro hombre hubiera podido soñar. Levantó de nuevo a Alemania, no sólo de la pobreza, de la esclavitud y de la corrupción -del polvo- a la altura de las grandes potencias, sino que se convirtió en el anunciador de una idea maravillosa, de una meta sempiterna y universal.

Durante unos breves años él pudo mostrar al mundo la obra maestra de su genio creador: una Super-Civilización, una creación perfecta, en la que el hombre fue calado por un dogma en los más altos valores, siendo totalmente consciente del verdadero sentido de la vida. Si Alemania hubiera salido victoriosa de la Segunda Guerra Mundial y se hubiese extendido la visión de Hitler sobre toda la esfera terrestre, - o no se hubiera producido ninguna guerra y la Idea hubiese ganado terreno lenta y constantemente mediante la mera fuerza a esta llamada por la nobleza natural del mundo- ¡qué clase de lugar tan maravilloso hubiera llegado a ser este planeta en menos de una o dos generaciones! Entonces habríamos observado la jerarquía natural de las razas humanas e individuos, como un componente de la jerarquía natural de todos los seres. Los hombres fueron demasiado necios y vulgares para comprender la belleza de esta visión. El mundo (las razas arias mismas en su mayor parte) rehusó el regalo de amor y genio de Hitler y le pagó con el desagradecimiento más lúgubre.

Pocos Grandes han sido injuriados tan despiadadamente por sus indignos contemporáneos. Nunca un Único de la historia fue tan completamente mal entendido, tan sistemáticamente engañado y sobre todo tan propagadamente odiado. Sin embargo, el espíritu Nacional-Socialista que se basa en la verdad y es tan antigua como el sol, nunca podrá extinguirse. Vivo o muerto, Adolf Hitler nunca podrá olvidarse. Y antes o después… su espíritu debe vencer. Esta obra está dirigido a todos sus verdaderos seguidores, dentro y fuera de Alemania; a todos aquellos que en 1948 estaban adheridos a los ideales Nacional-Socialistas del mismo modo inquebrantable a como lo hicieron en 1933 y 1940. Pero está especialmente dirigido a los alemanes que preservaron la fe en nuestro Führer bajo lluvias de fuego y bombas de fósforo, a los hombres de oro y acero, no desalentados por la derrota, no sometidos mediante terror y tortura y que no pudieron ser comprados con dinero; a los verdaderos Nacional-socialistas, mis Camaradas, mis jefes, que como ellos lo hicieron, no tuve oportunidad de compartir con ellos el honor material de sufrir por nuestro Ideal. A los únicos entre mis contemporáneos, por los cuales moriría alegre."

Maximiani Julia Portas; del libro “Oro en el Crisol”.

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